Cada año, en la noche del 20 de junio que inicia el solsticio de verano se reúnen en Stonehenge miles de personas que acuden a ver salir el sol. ¿Por qué? ¿Son curiosos que llegan atraídos por la fama del lugar? ¿Supervivientes de una ancestral tradición que se ha ido transmitiendo de generación en generación?
No lo sabemos. Sólo nos consta que en ese famoso monumento megalítico, cuyo origen se pierde en el tiempo, sucede algo muy singular, la persona que ese amanecer se coloque en el centro del recinto de gigantescas piedras verá salir el sol por encima de un menhir conocido como el "Heel Stone".
Stonehenge ofrece un doble problema a quienes se apasionan por los enigmas. ¿Se trata de un templo construido por los sacerdotes druidas para adorar el sol y sacrificarle vidas humanas, o es un observatorio, como pretenden demostrar algunos astrónomos de vanguardia? Gran parte de las piedras que lo componen proceden de canteras situadas a un buen puñado de kilómetos de distancia. En tal caso, ¿con qué medios contaron aquellos "primitivos" pobladores del sur de Inglaterra para acarrearlas desde lejos y erigirlas en un lugar que fijaron de antemano?
El mágico círculo de Stonehenge, cual hermano menor de la gran piramide, ofrece un misterio igualmente perturbador a los amantes de lo insólito.
