Una vez bajados del avión, nos estrellamos con la realidad; es decir, llenar de nuevo la alacena y el refrigerador ha sido un acto de prestidigitación extrema. Los precios han subido el doble desde el momento en que dejamos el país, verbi gratia: entre el 09 de Diciembre de 2.019 y el 31 de enero de 2.020 han aumentado más del 100% en menos de dos meses.
Pero ojalá fuera ese el único problema (que ya es bastante duro), el asunto es que nadie quiere recibir bolívares y el dólar campea, ahora sí de lleno, en la economía nacional. Claro, es natural que en medio de la hiperinflación, nadie desee recibir una moneda devaluada, pero el hecho es que tampoco se la ponen fácil a la gente para pagar sus compras.
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Caso de uso
Ayer, por ejemplo, fuimos a comprar un regulador de gas. Durante nuestra ausencia, la mariposa que enrosca el receptáculo a la bombona que almacena el gas, se partió. Para reponerlo, además de viajar por varias tiendas para conseguirlo, tuvimos que pagar el equivalente a US$ 8,60. Pero el caso fue que en la ferretería donde lo encontramos no "había punto"
En lenguaje llano significa que no hay conexión electrónica de la tienda con los bancos para recibir pagos con tarjeta. "Solo efectivo o divisas" nos indicó el dependiente. No acostumbro a cargar divisas en un país donde la moneda de circulación es el Bolívar. Así que tuvimos que regresar a casa con las manos vacías.
Y ¿saben por qué está pasando todo esto, queridos lectores? A ver si me siguen: toda transacción electrónica es susceptible de ser rastreada por la banca y el gobierno, así que los comerciantes no desean que sus ventas queden registradas ¿por qué?
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"Genialidad fiscal"
Resulta que algún enternecido funcionario gubernamental, se dió cuenta que había un déficit en los ingresos del país y se le ocurrió la genial idea de pechar ¡las transacciones en dólares! Y ahora, tenemos dos impuestos (en lugar de uno) que arrancan un pedazo de las ganancias en las ventas y encarecen las cosas para el ciudadano de a pie.
El I.V.A. (impuesto al valor agregado) de 16% y un nuevo impuesto a las transacciones en dólares de entre un 5 a un 25% del monto sujeto de pago ¡Voilà! La evasión fiscal se repotenciará -ya era alta- y los ingresos del estado mermarán. Además, los comerciantes -ahora sí- no aceptarán otro medio de pago que no sea efectivo y lo peor: ¿saben que pasa cuando el efectivo aumenta en las calles? ¡Sí! Sálvese quien pueda.
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"Es la economía, estúpido"
Una frase atribuida a un asesor económico para significar que la prosperidad y el mañana de un país, está ligado a su desempeño económico ¿Quién sabe que oscuros intereses están detrás de la decisión? Pero en un momento que estaba ya, todo marchando mejor (dentro de lo que cabe o al menos eso percibía cuando nos fuimos), tomar este tipo de medidas es como si no se deseara que las cosas mejoraran.
Porque si creen que cobrando más impuestos van a controlar la inflación, me gustaría saber donde estudiaron economía los señores que la dirigen. Menos impuestos y controles es lo que necesita la depauperada hacienda nacional, para estabilizar la hiperinflación. Mientras sigan con la "fórmula del coscorrón", donde el que levante cabeza hay que darle por el cogote para que la baje, difícilmente podremos asistir a un mañana mejor...