En las escuelas venezolanas se vive algo que tal vez sea considerado como una nueva cátedra a impartir en nuestro incierto futuro para intentar tapar el sol con un dedo.
No es un secreto para nadie que en años anteriores la mayoría de las instituciones a nivel nacional gozaban de un comedor escolar que brindaba alimentación balanceada a todos los estudiantes, contribuyendo al adecuado desarrollo y estado de salud de todos los escolares y adolescentes que ahora somos adultos.
Es imposible olvidar las evaluaciones nutricionales que nos hacían al inicio de cada año escolar, algo que actualmente sería considerado una hazaña (sino un delito) al poner en evidencia el impresionante grado de desnutrición en que se encuentran nuestros niños y jóvenes en pleno desarrollo.
La Real Academia Española define el cinismo como la acción de una persona falsa o con desvergüenza descarada, y esto es el colmo de los colmos:
Al conversar con un docente me enteré de una terrible realidad que, de no ser porque conozco a esta persona prácticamente desde toda mi vida, me costaría muchísimo creer. Resulta que los “responsables” de llevar alimentación a nuestros colegios asumieron una nueva tarea y ésta no es otra que darle a entender tanto a estudiantes como a docentes la importancia que radica en comerse una arepa pura.
“Muchachos tenemos que ser agradecidos. ¿Ustedes saben la cantidad de carbohidratos que hay en una arepa? Y si además de esto se comen una naranja ¿no creen ustedes que es suficiente? La naranja contiene muchas vitaminas, con eso consumen casi todas las calorías que necesitan al día.”
¿A quién en su sano juicio se le puede ocurrir semejante barbaridad? Además de todo, ahora hay que soportar que nuestros niños deban recibir estas CHARLAS –discurso de un charlatán– y que además los maestros deban morderse la lengua para no perder el puesto de trabajo con el que llevan algo de sustento a sus hogares. El cinismo se les desborda cada día más.
Entonces surge de nuestro descarado charlatán una pregunta algo más increíble ¿Ustedes saben porque esto es así? A lo que afortunadamente una pequeña responde desde la inocencia y sinceridad que caracteriza a nuestros niños, y quizá también desde la rabia acumulada que probablemente vive diariamente en las dificultades de su hogar, “Porque Maduro no sirve”.
Una cara pálida y el silencio reinan en el aula. Por supuesto que no hay otra respuesta que desviar el tema, para tratar de olvidar la verdad que le soltó una criatura que seguramente sabe que la casa de este cínico no se come arepa pura, y mucho menos sólo una. Mucho me hubiese gustado presenciar esta escena que no se compara con el final impredecible de una novela de suspenso.