Es posible que lo hayan leído alguna vez, porque es una de las historias que se acostumbra leer durante la asignatura de literatura mientras cursamos el bachillerato. Esta es una de las que más recuerdo y que considero, actualmente, nos viene como anillo al dedo.
“(…) la sangre corrió lavándole el sucio de la cara, y el diente se partió en forma de sierra. Desde ese día principia la edad de oro de Juan Peña.”
Este cuento narra la historia de Juan Peña, un joven revoltoso del que no faltaban quejas para llevar a sus padres, y a quien le cambió la vida después de una riña de donde salió perdedor llevando como premio un diente roto. A partir de ese momento, el pequeño alborotador se concentró únicamente en tocar con su lengua el borde serrado de su pequeño trofeo.
Con la mirada perdida, callado y en silencio, angustió a su familia de tal manera por tan súbito cambio de conducta que fue solicitada una visita médica en la que el galeno diagnosticó, sin temor a equivocarse, “mal del pensamiento”. Aparentemente, Juan Peña había abandonado por completo su necesidad incontenible de causar problemas para tornarse un filósofo, pero en la oscuridad de su boca no dejaba de acariciar su diente roto, sin pensar en nada más.
El golpe de suerte que le propinó el destino a Juan Peña aquel día, acabó por sumirlo en un profundo silencio, pero no aquel que distingue a los eruditos en sus sabias reflexiones, sino el que acompaña a quienes se encuentran lejos del ingenio y del saber. Sin embargo, quienes se encontraban a su alrededor interpretaban su quietud como el comportamiento de un hombre “juicioso, sabio y profundo” por lo que “llegó a ser diputado, académico, ministro, y a no ser por una apoplejía sin duda hubiera llegado a ocupar el alto cargo de Presidente.”
“Este cuento de Don Pedro Emilio Coll es universal, y caracteriza a algunos personajes que pertenecen a nuestro terruño y más allá de nuestras fronteras.” Fuente
Es probable que para ese momento de mi vida no comprendiera, como lo hago ahora, lo que representaba esa historia, y es que muchas de las personas que tienen la responsabilidad de manejar la administración pública, empresas privadas, y cualquier otro tipo de instituciones, llegan a ocupar cargos de suma importancia por el hecho de parecer eruditos mientras se “soban” con la punta de la lengua un diente roto.
Quizá, lo que motivó al Coll a escribir esta historia fue poner en evidencia la incompetencia de alguien que ejercía un cargo del que no tenía idea alguna, que carecía de los conocimientos y credenciales necesarias que amerita todo académico o funcionario público para desenvolverse en sus obligaciones del modo más adecuado para él y quienes dependen de su gerencia, por lo que reunió en el personaje de Juan Peña muchas de esas características que abundan en universidades, oficinas, ministerios y parlamentos, con el poder de permanecer en silencio sin que se considerase ignorante en ningún aspecto, sino todo lo contrario.
A pesar de que estos individuos sean reconocidos por la sociedad por los cargos que ostentan, ellos internamente se saben ignorantes de las leyes, la ciencia y la gerencia que se supone llevan a cabo, sin embargo esto no afecta en absoluto el sueño al que se entregan bajo su investidura, porque solo la oscuridad de su boca conoce el gran secreto.