En la sangre llevo.
Al nacer, un niño más,
que ríe, que llora,
que duerme, que come,
que canta, que enamora.
Entre mi familia me dicen Pancho,
mis amigos me dicen Francisco,
al colegio voy cantando,
por mi casa soy el chico de los mandados.
De modales soy moldeado
las buenas costumbres me han enseñado,
de buenos principios y valores,
entre mis padres, abuelos y tíos me han formado.
Dar y responder las buenas horas,
ceder el paso, abrir la puerta,
dar el brazo a una dama,
ayudar a un anciano con su carga.
Ser responsable con mis deberes,
respetar a todos y cumplir las leyes,
cuidar de animales, hermosos seres,
admirar los ocasos y los amaneceres.
Todo se me hizo fácil,
como si ya lo hubiese vivido,
en los deportes era ágil,
en los estudios muy nutrido.
La sangre roja de mis venas,
hervía de emoción al escuchar historias,
de aquellos familiares que fueron destacados,
deportistas, aventureros, caballeros,
profesores, exploradores, militares,
artistas, comerciantes, políticos y obreros.
Pero todos coinciden en lo mismo,
el amor a Dios, a la Patria,
el amor por el hogar y la familia,
el valor de la honestidad y la justicia.
En mi sangre llevo el corazón de mis antepasados,
aquellos enamorados de la vida,
aquellos que intervinieron en su momento,
para hacer lo debido, lo correcto,
aquellos que con su vida,
defendieron sus ideales, su familia,
sus creencias, fé, honor e hidalgía.
En mi sangre llevo la pasión,
del aventurero la emoción,
de hacer un nuevo camino,
para cambiar el destino.
En mi sangre llevo historia,
en mi sangre tengo orgullo,
en mi sangre llevo vida,
en mi sangre hay amor, hay poesía.