La tecnología está hecha para que pueda ser usada sin que sea necesario comprender su funcionamiento, es decir, podemos tener el conocimiento de cómo se utiliza sin saber cómo opera. Para explicarlo mejor pongamos un ejemplo simple y además muy común, podemos saber manejar un automóvil e interpretar acertadamente los indicadores del tablero, sin tener la más mínima idea de cómo funciona un motor de combustión, para nosotros sería lo mismo que bajo el capó hubiese un equipo de duendes pedaleando y bebiendo gasolina.
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Lo mismo sucede con la tecnología informática, cada vez más personas de todas las edades se incorporan a las comunidades virtuales y hacen uso de herramientas electrónicas para dar solución a múltiples aspectos de su vida. Por supuesto no me refiero solamente a redes sociales y entretenimiento, sino a trámites financieros, legales, académicos, entre muchísimos otros. Utilizan las plataformas teniendo distintos niveles de habilidad, siendo desde neófitos hasta usuarios de mucha experiencia, sin embargo, la mayoría desconoce los algoritmos, protocolos y procesos que se ejecutan detrás del telón de las amigables interfaces de usuario.
Si tomamos en cuenta la importancia de muchos de los asuntos que se manejan a través de aplicaciones informáticas, creo que es una cuestión obligatoria que nos preguntemos si el conocimiento que tenemos nos permite cuidar de nuestros intereses. Proporcionamos información valiosa y autorizamos a los sistemas (de manera explícita o implícita) para que manejen nuestros activos. Sin embargo, en la mayoría de los casos somos incapaces de dar seguimiento al procesamiento de la información y la toma de decisiones.
Como usuarios, es muy común que nuestro concepto de seguridad se base en la confianza que tenemos en determinadas entidades, a la mayoría se nos ha instruido para identificar ciertas marcas de autenticidad en los formularios y páginas web, relacionadas con imágenes institucionales o comerciales. Debido a la reputación de grandes empresas de internet como Google o Facebook, muchos internautas tienen una fe ciega en casi cualquier cosa que venga acompañado de sus logotipos. Son pocos quienes ubican los certificados de seguridad o comprueban las url antes de utilizar alguna herramienta o plataforma.
Debemos considerar que no sólo está aumentando el uso de las plataformas informáticas, sino que está creciendo de igual manera nuestra dependencia hacia ellas, sin que se produzca paralelamente un proceso de educación referente a aspectos de interés de la tecnología que vaya más allá del uso de los periféricos y programas básicos. La informática se ha vuelto una asignatura básica y en muchos programas de enseñanza se introduce desde las primeras etapas, pero a pesar de ser así, suele limitarse a aspectos demasiado superficiales que en la actualidad la mayoría de los escolares dominan por su interacción cotidiana con la tecnología.
Por supuesto que no quiero decir con todo esto que sea imprescindible para todos tener una formación avanzada en las ciencias de la computación, pero quizás se deba empezar a ver como una prioridad que la población general reciba educación sobre seguridad informática, algoritmos y protocolos de comunicación básicos. Un conocimiento más avanzado ayudaría a detectar elementos maliciosos que puedan comprometer sus intereses personales.
Quizás soy demasiado desconfiado (o he visto demasiado Mr Robot), pero de cualquier manera investigar e informarnos sobre cómo podemos protegernos de las estafas informáticas siempre será una buena idea. Sobre todo es bueno recordar que quienes carecen de escrúpulos rara vez carecen de ingenio y siempre tratan de estar un paso adelante de los sistemas de seguridad.
