Las bases del éxito de la Ciencia Ficción es un simpático texto en el que Asimov plantea algunos lineamientos para la creación de un relato o novela que cuente con la aprobación de los lectores. Se trata de una sátira por partida doble. En primer lugar porque es una parodia o pastiche de la canción If you are anxious for to shine, la cual forma parte de la comedia musical Patience (1881) escrita por W. S. Gilbert. En segundo lugar porque Asimov hace referencia a varios aspectos de su obra, empleando el mismo tono jocoso que caracteriza a los versos originales que emula y se podría decir que en cierto sentido se burla de sí mismo.
El texto apareció por primera vez en la revista The Magazine of Fantasy & Science Fiction, en octubre de 1954, para entonces Asimov ya había publicado varias de sus obras más exitosas, como Yo, robot; Bóvedas de acero; Las corrientes del espacio y la primera trilogía de la Fundación, con lo que había logrado consolidarse como uno de los autores más influyentes del género.
Para triunfar con límpido brillo en el oficio de la ciencia ficción,
recurre a la jerga de las ciencias (aunque sólo te suene a jerigonza).
Habla del espacio, de galaxias y de falacias teserácticas
en estilo místico y agudo;
el aficionado, aunque no enrienda un bledo, te lo exige
con blanda sonrisa de esperanza.
Y el aficionado dirá
mientras tú por tu espacial senda andarás:
si ese joven vuela por toda la galaxia,
qué tipo de hombre tan imaginativo ha de ser ese tipo de hombre.
La terminología científica es uno de los elementos más distintivos de la ciencia ficción, podría incluso decirse que es su característica principal. Este era un tema que Asimov dominaba a la perfección, pues era un científico brillante y tenía amplios conocimientos en casi todas las ramas de las ciencias naturales.
Llenar el escenario de gadgets inverosímiles suele ser un recurso muy usado por los autores para ubicar al lector en un contexto futurista, aunque si se abusa de ello se corre el riesgo de caer en el ridículo. También es común transmutar las legítimas bases de la ciencia en descabelladas teorías que desencadenen eventos fantásticos. Aunque la ciencia se pinte absoluta e inflexible, siguen siendo mayores nuestras dudas que nuestras certezas, en ese gran universo que ignoramos hay un espacio inagotable para la especulación y la fantasía.
Aunque para escribir ciencia ficción no hay que ser científico, la lógica nos dice que algún interés en la ciencia se debe tener. Empaparse del esdrújulo vocabulario de los libros de texto y las revistas de divulgación, será entonces una gran ayuda en el proceso creativo dentro de este género narrativo.
No hay misterio en el éxito: desempolva tus libros de historia.
Un imperio que otrora fue romano encaja en la estrellada Vía Láctea.
Con hiperespacial impulso surcará los parsecs,
y armarás una trama sin mayor trajín
si espigas las obras de
Edward Gibbon y de Tucídides el griego.
Y el aficionado dirá
mientras tú por tu reflexiva senda andarás:
si ese joven conoce tanta historia,
qué alto ha de ser su alto cociente de inteligencia.
No cabe duda de que aquí hace referencia a cómo él mismo escribió la trama de las novelas de la Fundación, el imperio galáctico es un modelo que está armado a imagen y semejanza del imperio romano; comparten un antiguo y legendario origen y una vergonzosa decadencia. Seguramente los expertos en la materia son capaces de encontrar similitudes más sutiles entre las cortes de los emperadores trantorianos y las de los césares.
Este es un recurso que vale la pena estudiar e implementar, más aún si se tiene algún interés por reflejar ciertos aspectos del comportamiento social, siempre será de gran utilidad conocer la historia universal, sobre todo (pienso yo), buscar patrones repetitivos en los eventos más significativos de la humanidad.
Borra todo pensamiento lujurioso de la mente cavilosa de tu héroe.
Que cultive la política y la argucia y se ciegue a todo lo demás.
Le basta con haber tenido madre, las demás mujeres sólo estorban,
a pesar de sus joyas y sus lustres.
Sólo lo distraen de sus sueños y le impiden
consagrarse a esa psicohistoria.
Y el aficionado dirá
mientras tú por tu estrecha senda andarás:
si todo es masculino en sus relatos,
qué casto ha de ser ese joven puro y casto
Probablemente este es el único consejo que en cierto momento habría que desestimar, desde la década del cincuenta hasta nuestros días la sociedad ha abandonado casi todo puritanismo hasta el punto de prácticamente despreciarlo. Ciertamente Asimov siempre fue muy sobrio en sus relatos, sobre todo en sus primeras obras, las veces que se refiere al sexo lo hace casi en clave o con eufemismos y esto se mantiene por mucho tiempo (al menos desde mi perspectiva de lector). El cambio más notorio se observa en Los límites de la Fundación (1982), donde aborda la sexualidad de una manera más frontal.
A pesar de que es obvio que estos versos fueron escritos con un objetivo humorístico, considero que pueden servir para orientarse cuando uno es aficionado o novato. A veces es difícil armar una composición coherente a partir de nuestras propias fantasías y es válido utilizar ciertos recursos para darle a las ideas una forma atractiva y comprensible. Siempre recordando no depender de fórmulas para producir los textos, en mi opinión las recomendaciones deben utilizarse como herramientas de modelado y no como moldes.
Los dejo con esta caricatura de que me parece que hubiese sido muy adecuada para ilustrar esta divertida publicación

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