Saludo Queridos Steemianos
Recuerdo que fue un hermoso y soleado fin de semana del mes de julio del 2012, mis hermanos, padres y yo habíamos planeado con mucho entusiasmo ese viaje. Debido a que vivimos en ciudades distintas de Venezuela, aunque relativamente cerca, hasta ese momento por razones de compromisos laborales, no habíamos podido coincidir todos en casa de nuestros padres, y estábamos ansiosos por reencontrarnos, además, mis hermanos estaban deseosos por volver a ver a su sobrina, que para ese momento reinaba como la única sobrina y nieta; hoy día, gracias a Dios, mi hija no solo tiene una hermanita, sino además dos primitos.
Los preparativos previos a nuestro encuentro, consistieron básicamente en buscar un lugar relativamente equidistante de cada uno, y quizás lo mas importante es que estuviera cerca del mar, porque ya teníamos muuucho tiempo sin ir juntos a la playa, como lo hacíamos cuando éramos niños, muy a pesar, de que vivimos relativamente cerca del mar; el lugar que nos pareció ideal fue, el pueblito de Santa Fe, ubicado en el estado sucre, mi estado natal, por cierto.
Vista parcial del sector El Puerto - Santa Fé
Santa Fé, es un pequeño pueblo fundado por el año 1515 y sus principales actividades económicas están en torno al turismo, la pesca y la agricultura, de hecho uno de sus principales atractivos turísticos son las formaciones de Arrecifes Coralinos y la presencia casi a diario de manadas de delfines en sus costas, este pueblo se encuentra dividido en dos Sectores denominados Los Altos, ubicado en las Montañas del Parque nacional Mochima y El Puerto, el cual se ubica en la costa del Golfo de Cariaco, esta fue la parte que tuvimos el placer de visitar.
Volviendo a los preparativos previos al viaje... mi hermana se encargó de la logística referente al hospedaje, esto debido a que en otras ocasiones lo había visitado, y ya tenía referencia y contactos para poder alquilar un lugar en donde pudiéramos compartir todos justos. La mejor opción resulto ser el alquilar por el fin de semana una casa, era una casita muy sencilla y a la vez muy cómoda a orillas de la playa.
Llegada la fecha del encuentro, mi hermana y cuñado que venían desde la ciudad de Maturín estado Monagas, hicieron una escala en Barcelona-Anzoátegui, ciudad donde vivo, con el propósito de recogernos, ya que habíamos decidido hacer el recorrido restante juntos.
Una vez que llegamos a la entrada del pueblo, decidimos bajar a una zona, en donde se ubica un improvisado mercado de pescado a orillas de la playa, allí mientras esperábamos que llegaran nuestros padres, hermano y cuñada, los cuales venían de Carúpano ciudad ubicada al norte del estado Sucre, tuvimos la oportunidad no solo de comprar el pescado mas fresco que se puedan imaginar y que formaría durante el fin de semana el centro de atención, en medio de exquisitas y largas tertulias mientras lo degustábamos, sino que además, nos comimos unas deliciosas empanadas.
Imagen del mercado improvisado de pescado
No paso mucho tiempo, para que al fin nos reencontráramos todos y entre interminables demostraciones de cariño, abrazos y besos, mis padres, hermano y cuñada se incorporaron a la degustación de las ricas empanadas, que, por cierto, olvide mencionarles, que es unos de los platos típicos venezolanos, es una especie de deliciosa comida rápida y callejera, que puedes encontrar en cada rincón de nuestro terruño venezolano, claro está, siempre matizada por las costumbres culinarias del sitio donde las degustes, pero sin perder su esencia.
Bueno, ya todos juntos, desayunados y con nuestro fresco pescado, nos dispusimos a ubicar el lugar que habíamos rentado para quedarnos, lo cual no fue muy difícil, basto con recorrer un rato a orillas de la playa y encontramos la casita. A partir de ese momento, fue un continuo disfrutar de los placeres del mar, el sol y la incomparable compañía familiar.
Vista desde otro ángulo del sector El Puerto - Santa Fé
En resumen fue un fin de semana inolvidable, donde se mezcló el exquisito placer de disfrutar el sol, las cálidas aguas del Mar Caribe, insuperables comidas preparadas en familia y por supuesto todo aderezado por las largas tertulias, extendidas inclusive hasta bastante entrada la noche y bajo el maravilloso cielo oriental, recordando nuestro paseos a la playa en la niñez y adolescencia, entre otras anécdotas familiares.
Bueno, por ahora me despido de ustedes y solo me resta rogar a Dios desde lo más profundo de mi corazón, que, en su infinita misericordia, me permita no solo a mí, sino a innumerables familias venezolanas que atraviezan por la misma situación, el poder reencontrarnos con nuestros familiares que hoy día buscan un mejor futuro lejos de las fronteras de nuestro hermoso país.