Alejandro Carrasquel, conspicuo caballero, caraqueño de pura cepa y pionero. Abrió las puertas de una dimensión cultural tan compleja como la pelota del Norte a los venezolanos en un salto hacia un planeta que muchos años más tarde se ha convertido en parte sustancial del ser venezolano. El béisbol de Grandes Ligas.
Coincide la irrupción en la Gran Carpa por parte de Alejandro Carrasquel con los cambios que empezaron a suscitarse en Venezuela a partir de la muerte del Benemérito General Juan Vicente Gómez.
El béisbol criollo, como tantos otros planos de la vida nacional, hacia rato venia trasformándose silenciosamente como resultado del intercambio con equipos qué, por vía marítima, llegaban y dejaban importantes experiencias.
Además, la influencia de un miembro connotado de las esferas del poder político, Gonzalo Gómez, hijo del “hombre fuerte de Maracay” y mecenas de la pelota romántica, preparó el camino para una actividad que, de los modos espontáneos del divertimento y la distracción, pasó a convertirse en profesión, primero, y rasgo de status ya para este final de centuria.
Oímos de niños, que colombianos y panameños animaron la mayor parte de las competencias amistosas celebradas en suelo venezolano en aquella época de expansión y ayudaron a surgir talentos como el de “Patón” Carrasquel, pieza del legendario equipo Royal Criollos que fue, con las sucesivas metamorfosis de Cervecería y Leones, la génesis del actual Caracas.
Históricamente, su aterrizaje en las praderas del Norte en el año de 1943, ya en la quinta de sus ocho campañas oficiales en Estados Unidos, dejó impronta en los anales de los Senadores de Washington como uno de sus relevistas de postín. Ya para el año 1945 su coeficiente de efectividad 2.71, apareció entre los más brillantes de la Liga Americana.
En total el serpentinero valiente, y de brazo amarrado que llegó a superar en duelo de doce entradas al archifamoso Lefty Grove, mascarón de proa de los Medias Rojas de Boston, ganó medio centenar de desafíos para los Senadores antes de ser cambiado a las filas de los Medias Blancas en la temporada de 1946 debido al castigo impuesto por la cúpula del Big Show como reacción frente a la decisión de irse a jugar a México sin la correspondiente autorización de sus contratantes norteamericanos.
Alejandro "Patón" Carrasquel, era un atleta fornido de casi un metro noventa, con cualidades para batear y sobretodo lanzar duro con su fuerte brazo derecho dotado excepcionalmente para provocar los mortales movimientos que lo proyectaron, a la larga, entre los lanzadores más agresivos y eficaces de su tiempo. "El Patón" jamas pasaba desapercibido. Inteligente y abierto, jugaba por vocación, no conocía la palabra rendición y como gozaba de un estupendo conjunto de cualidades físicas y psicológicas, se mostraba arrollador dentro y fuera del terreno.
Tengamos presente que el béisbol norteamericano avanzaba hacia una etapa de madurez organizativa y simultáneamente, se debatía ante la necesidad de "remendar" lo mejor posible sus filas pues el ambiente de conflagración mundial exigía la búsqueda de latinoamericanos para cubrir a los jóvenes norteamericanos reclutados para irse a la guerra. Había decidido jugar en Cuba entonces una suerte de "patio trasero" norteamericano, de modo que allí entra, indirectamente, en contacto con esa realidad que lo esperaba, inexorable, en un cruce del destino, a través de su militancia en las Ligas Negras.
Los Senadores de Washington se enteran de las cualidades de aquel muchacho de 27 años, lo firman y, en un abrir y cerrar de ojos, se lo llevan a su reservorio de novatos de donde emerge para asumir la histórica "senaduría" en la lomita. Una vida meritoria, artesanalmente tallada en románticas caimaneras y arduas giras de hasta dos juegos diarios para un mismo lanzador y premiada post mortem con el ingreso al Salón de la Fama del Deporte Venezolano, apenas en la primera elección de 1971. Aquí récords dejados en la gran carpa:
Fue el primer venezolano en conectar un jonrón en las grandes ligas y aparte en Venezuela fue el primer lanzador en ganar un juego en la liga del béisbol profesional venezolano.