Jesús eligió a los apóstoles como predicadores de la verdad en la iglesia primitiva; pero, les prohibió que utilizaran título alguno (rabí, maestro) de los que eran utilizados en la época donde vivieron.
Y volviéndose Jesús, y viendo que le seguían, les dijo: ¿Qué buscáis? Ellos le dijeron: Rabí (que traducido es, Maestro), ¿dónde moras? (Juan 1:39).
En efecto, el título de rabí o maestro equivale a una declaración de respeto con que los súbditos honraban a sus señores, y especialmente los discípulos a los maestros.
Jesús reprocha a los fariseos su vanidad al desear ser llamados rabí, cuando por el valor asociado al constructo maestro-dueño a ninguno le conviene con propiedad el apelativo si no es al Cristo Señor.
2 En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos.
3 Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen.
4 Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas.
5 Antes, hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres. Pues ensanchan sus filacterias, y extienden los flecos de sus mantos;
6 y aman los primeros asientos en las cenas, y las primeras sillas en las sinagogas,
7 y las salutaciones en las plazas, y que los hombres los llamen: Rabí, Rabí.
8 Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos.
9 Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos.
10 Ni seáis llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo. (Mateo 23:2-10).
Esta prohibición engendraba en sí misma el reconocimiento a Jesús como el único y verdadero maestro. Se trataba de un ejercicio de humildad y sumisión de quienes sólo deben glorificar al Señor.
Por tanto, tampoco debe llamarse maestros a quienes en la actualidad se hacen llamar con títulos (reverendo, pastor) dirigidos a otorgarle alguna preeminencia distinta a la de ser considerados hermanos.
El único que merece ser llamado pastor es Jesús, porque él dio su vida para redimir nuestros pecados. Es nuestro apóstol y Sumo Sacerdote. Estos son los títulos que le pertenecen, y que solamente él puede delegar en otras personas.