Ya habían pasado unos 40 días más o menos, y Yue siempre se ocupaba de traerle comida a Tomioka, incluso ropa ya que la suya estaba completamente rota y llena de sangre, también calentaba el agua para que el pudiera bañarse ya que el agua del rio estaba helada.
Eso hacía que él se preguntara “¿Por qué me ayuda?”
—Ya se fue la nieve por completo. —Comenta ella —ten come algo, vamos a buscar el almuerzo. —dice lanzándole una manzana que el apenas pudo atrapar.
Ella podía notar la tristeza que él tenía todo el tiempo, tal vez sea porque perdió a toda su familia, y lo supo porque era obvio para ella que su ropa no solo traía sangre suya, tenía sangre de al menos unas tres personas más, aunque ella lo entendía tenía que hacerle ver que no podía quedarse sentado llorando.
Tenía que hacerse fuerte. Aunque también debía encontrar el momento perfecto para decirlo.
La noche era hermosa, la luna iluminaba con su luz el rio y la cabellera albina de la “joven” hibrido que se encontraba nadando tranquilamente dentro de las aguas cristalinas, cerca de la orilla había un frondoso árbol de glicinia.
Se sumergió en el agua en busca de relajarse para después lentamente asomar su cabeza en la superficie, encontrándose con Tomioka, apenas se estaba sentando debajo de las frondosas ramas del árbol de glicinia, escondió su rostro entre sus rodillas.
Lo siguiente fue ver como sus hombros comenzaban a temblar, sabía que lloraba, Yue podía oler su tristeza, sollozaba en silencio, seguro para hacerlo sin hacer que ella se diera cuenta…
Observaba atentamente y en silencio como analizando la situación.
“¿Qué debería hacer?” cuestiono para sí misma. Pues, estuvo sola durante tanto tiempo, tal vez unos 300 años, y no tenía ni la más mínima idea de cómo tratar a alguien que acababa de perder a toda su familia…
Finalmente después de pensársela durante un rato decidió salir con sumo cuidado del agua para que el más pequeño no notara su presencia. Comenzó a vestirse y al estar lista camino hacia el lentamente, al estar literalmente delante de el noto lo sumido que este estaba en su dolor…
“Ni siquiera nota que estoy aquí”
—Oye. ¬—llama la fémina. Ahora si sabía que ella estaba ahí, el menor se sobresaltó pero no alzo la mirada.
—¿C.Cómo sabias que me encontraba aquí? —le pregunta con un hilo de voz secando sus lágrimas rápidamente con la manga de su onsen (yukata masculino), pero era inútil, mas lagrimas salían sin parar.
—¿Qué acaso no te han dicho que los hombres no lloran? —dice arqueando una ceja.
—¡Yo no soy un hombre! —grita tratando de contener sus sollozos ¬—¡por eso no pude salvar a nadie!.. T.todo.. Todo ha sido culpa mía… ¬—podía ver como sus lágrimas mojaban el suelo, estaba muy alterado. —¡TU NUNCA LO ENTENDERIAS! ¬—grito con todas sus fuerzas.
Eso calo profundo en ella, y se dejó llevar por la ira atinándole un puñetazo que hizo que esta callera al suelo.
—¡Si sigues actuando de esa forma solo lograras que te maten! —grita con todas sus fuerzas, estaba de verdad molesta con el niño. ¬—¡hacerte la víctima no te ayudara a calmar el dolor! ¡SENTARTE A LLORAR COMO UN BEBE NO LOS DEVOLVERA!....
Esas palabras resonaron dentro de la cabeza del azabache, y de nuevo comenzaron a salir lágrimas involuntarias. Todo en su mente era un desastre, pero… Logro llegar a una sola conclusión; tenía razón.
Soltó un suspiro pesado y trato de calmarse, se alejó de él y se puso a mirar su reflejo en las aguas del rio mientras procedía a hablar de nuevo esta vez con un tono más calmado. Sumida en sus pensamientos.
“No llores… No desesperes… No es momento para que estés triste.” Pensaba mientras venían recuerdos vagos de ella misma, cuando perdió lo único que le quedaba, si alguien la hubiera guiado por el camino correcto tal vez no sería tan testaruda, tan cruel con los demás… Eso era en lo que el dolor y la soledad logran cuando se mezclan…
¬—Si quieres que ellos descansen en paz entonces vuélvete más fuerte, cada día un poco más, los débiles no tienen más opción que volverse fuerte para ayudar a aquellos que eran igual de débiles. —a pesar de que pareciese que ella tiene una manera muy extraña de consolar a alguien que se encontraba sufriendo lo hizo con las mejores intenciones y hizo su mejor esfuerzo. —así que deja de llorar de una v… ¬—cuando comenzó a voltear para verlo vio que este estaba corriendo hacia ella tan rápido que no pudo reaccionar.
Hizo que ambos cayeran en la orilla del rio, Yue de espaldas con Tomioka abrazándola fuertemente con su cabeza en el pecho de esta.
Lloraba y sollozaba, por fin había encontrado consuelo, oh mejor dicho, este lo encontró a él.
Se sentía tan agradecido por aquellas palabras, lograron mover todos sus sentimientos.
—¡Me esforzare! ¡lo prometo! —podría parecer que esas palabras solo serían dichas por la emoción del momento, pero podía oler que hablaba con la verdad. Podía deducirlo sin perderse en el mar que eran sus ojos, mientras aun salían lágrimas de sus ojos hinchados —por favor… Quiero que me ayudes a ser fuerte.
Lentamente dirigió una de sus manos hacia el cabello de Giyu para dar leves caricias.
—No te preocupes. Todo irá bien. —trata de sonar lo más desinteresada posible para que el no pensara que estaba siendo muy amable.
Aunque.. Solo con eso él ya era muy feliz.