Noche de espera en el aeropuerto. En cinco horas cogemos el último vuelo hacia la aventura. A mi derecha, dos steemians, dos portátiles y muchas ganas de pasarlo bien.
A mi izquierda, el horizonte montañoso se va haciendo cada vez más claro y nos recuerda que deberíamos estar durmiendo.
A mi espalda, mostradores vacíos que pronto se llenarán de viajeros, de ilusiones, de sueños.