La calidez de la luz anaranjada rojiza los hacía sentir en un ambiente más íntimo y cercano. Sombras desnudas de cuerpos sudorosos en las paredes que los veían crecer en sentimiento.
Luz artificial, amor ficticio. Luz natural, amor verdadero.
Al principio la vela se veía robusta y consistente, llama sustentada por un pilar que parecía indestructible.
Con el paso del tiempo la vela se fue haciendo cada vez más pequeña y su solidez se fue debilitando.
Le faltaba oxígeno.
La llama se estaba consumiendo y pronto se apagaría. Habitación convertida en paraíso terrenal donde el amor se había confundido con deseo.
Deseo bonito pero deseo efímero