En la sala de una vieja casa, Roberto decide recordar hermosos y malos momentos. Ha pasado mucho tiempo y las cosas no son iguales.
LAS LUCES SE ENCIENDEN TENUEMENTE.
SE ESCUCHA UNA PUERTA ABRIRSE Y CERRARSE. ENTRA UN SEÑOR MAYOR, TIENE CANAS Y USA LENTES. ESTÁ EN UNA SALA QUE A SU VEZ HACE DE COMEDOR, EN EL MEDIO HAY UNA MESA CON DOS PLATOS VIEJOS.
ROBERTO:(Acercándose a la mesa, con lentitud) Mira ma’ sinforosa, como siempre habías querido que estuviese la mesa, tu plato en un extremo, y el mío, en el otro. Alrededor otros más, porque decías que yo iba a tener muchos hijos, iba a tener una gran familia…
CAMINA HACIA UNA MESA DE RECUERDOS, DONDE HAY VARIAS FOTOS DE FAMILIARES.
ROBERTO: Me dijiste que querías varios nietos, porque había mucho patio en la casa, y faltaban niños que los corrieran. Aquí están todos, son 8 en total… Muchos ya se graduaron, los otros están estudiando todavía (Sujeta un retrato y se va para el proscenio). Ma’ sinforosa, le puse el nombre de Danielita a mi primera hija, como siempre habías querido. Danielita como el nombre de tu hermana, que falleció de pequeña. Danielita ya tiene varios hijos, todos son unos tremendos, corren de aquí para allá y hacen desastres… pero llenan la casa de alegría.
DEJA EL RETRATO EN EL MISMO LUGAR Y SE SIENTE EN LA MESA.
ROBERTO: ¡Ma’ sinforosa! ¡Ma’ sinforosa la comida! Gracias mi viejita, tú sabes que siempre me ha gustado la arepa con queso y café. Tranquila mamá, sé que saldrás adelante con esa enfermedad. Eres una mujer fuerte y siempre has salido de peores. ¿Sabes ma’ sinforosa? En la escuela conocí a Matilda, una niña nueva en el salón de clases, dicen que la familia viene del extranjero y pasará un tiempo acá en el pueblo (Escuchando). ¿Cómo? ¿Que si es bonita? Es la más bella del salón, cada vez que pasa al frente a hacer una exposición me quedo perplejo mirándola… ¿Qué? ¡No! Me da pena decirle que me gusta… ¿Será que le digo?
TRANSICIÓN. SE LEVANTA DE LA MESA CON LA RESPIRACIÓN AGITADA. ES ROBERTO EN TIEMPO PRESENTE.
ROBERTO: Yo le había dicho... me había regalado un beso en el cachete y me dijo que también le gustaba. Yo corrí mamá, corrí desde la escuela hasta la casa para contarte, estaba realmente feliz, quería decirte cómo me sonrojé con su beso y sus manitas frías y chiquititas…. cuando llegué, me recibió mi tía. Me abrazó y me dijo que fuese fuerte… Tú habías muerto….. ¡Habías muerto muy temprano, ma’ sinforosa! Aún no te había dicho mi amor con Matilda, no te había dado el besito en el cachete para que sintieras lo cálido que era el beso de matilda, tan suave… pero no estuve a tiempo para contarte, que por fin, le había confesado todo…
EN LA PUERTA SE ASOMA UN NIÑO, TIENE 9 AÑOS. MIRA A SU ABUELO LLORAR.
NIÑO: Abuelo, ¿estás llorando?
ROBERTO: No, no… es solo que, necesitaba hablar con mi mamá.
NIETO: ¿Y desde el cielo te escucha?
ROBERTO: Claro, sí, está allá arriba y nos oye a todos. Pero ven, vamos para la cama, ya es hora de dormir…
EL NIETO SALE.
ROBERTO: Bueno, ma’ sinforosa, feliz cumpleaños. Espero que dónde estés, te encuentres bien. No creas que porque estoy muy viejo no te recuerdo, siempre, siempre lo haré. La vejez nunca me impedirá acordarme de ti. Me voy, feliz noche, adiós y… te amo, ma’ sinforosa.