De ti aprendí a no quedarme donde no me necesitan.
De ti aprendí que querer con todo tu corazón no implica que te quieran, o siquiera te aprecien.
De ti aprendí que a veces las palabras bonitas resultan vacías.
De ti aprendí que muchos hacen promesas que no son capaces de cumplir, y aún así las hacen.
De ti aprendí que hay miradas sinceras no tan sinceras.
De ti aprendí que perdonar el mismo error más de una vez es como tener un cartel que diga «ven y destrúyeme de nuevo».
De ti aprendí que es mejor dejar ir a quien resta más de lo que suma, a quien hiere más de lo que apoya.
Admito que tardé en aprender todas esas cosas, pero acabe por hacerlo.
Por mucho tiempo sufrí, lloré e intenté que todo fuese diferente.
Pero al final comprendí, que para salvar lo que quedaba de mí, debía dejarte ir.
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