Porque de idiotas está hecho el mundo.
De los que parecen perfectos, sonríen y creen que se comen el universo entero.
Los idiotas de un día, de un recuerdo y de un momento.
Te hacen feliz por unos minutos pero tú crees que duró un año, tal vez, durara menos que eso.
Porque no es idiota el que calla, si no, el que habla y no se hace responsable de sus palabras.
Pero están esos idiotas de un año o más.
De esos que entran en tu vida sin darte cuenta, de los que pintan en ti una sonrisa duradera, se borra a veces pero siempre encuentran la forma de devolverla.
Un idiota que, aunque no sean perfectos, intentarán todo lo posible por hacer realidad tu sueño.
Y entonces tú, no eras ninguno de esos idiotas pero si eras un idiota.
Uno de esos idiotas de un día, de un recuerdo y de un momento, pero también eras de esos idiotas que entran en tu vida sin darte cuenta, pero dejando rastro, dejando todo marcado, luego desapareces y regresas muy despreocupado, haciéndome sonreír, haciéndome feliz, haciendo como si nada nunca hubiese pasado. Ese eres tú, el idiota de un día pero la errónea felicidad de muchos otros.