Nietzsche sostiene, en Sobre verdad y mentira en sentido extramoral, que “En los hombres alcanza su punto culminante este arte de fingir; aquí el engaño, la adulación, la mentira y el fraude, la murmuración, la farsa, el vivir del brillo ajeno, el enmascaramiento, el convencionalismo encubridor, la escenificación ante los demás y ante uno mismo, en una palabra, el revoloteo incesante alrededor de la llama de la vanidad es hasta tal punto regla y ley, que apenas hay nada tan inconcebible como el hecho de que haya podido surgir entre los hombres una inclinación sincera y pura hacia la verdad”.
Muchos de los escenarios comunicacionales donde actuamos se tornan amenazadores para nosotros mismos y ante ellos no nos queda mas remedio, producto de nuestra ignorancia y poca fortaleza, que mentir como mecanismo de defensa.
El problema nos es mentir, ella es producto de nuestras debilidades, el problema es estar en capacidad de buscar y enfrentar la verdad, de prepararnos y formarnos en función de hacer uso de aquellas herramientas que nos permita mejorar los niveles de convivencia con los demás, con los otros seres humanos. Para ello debemos fortalecer nuestro espíritu, nuestras capacidades a fin de que podamos enfrentar las debilidades del otro, del que nos miente, de ese conjunto de personas con las que necesariamente debemos convivir y son las cuales estamos obligados a encontrar los vasos comunicantes que nos permita lograr objetivos juntos sin juzgar, sin maltratar y sin hacer sentir al otro culpable de sus propias errores.
A través del fortalecimiento de nosotros mismos podemos ayudar a los otros a convivir con la verdad y sus consecuencias.