La luna siempre mira desde arriba,
desdichada por lo que ve.
Se entristece y llora, porque desea
hacer algo, pero no la escuchan.
La luna, siempre ahí. Presente y distante.
La luna, siempre ahí. Observando desde las penumbras.
Toda lo que la noche le permite ver y su luz le permite mostrar.
Es el único testigo. El más fiel testigo.
No importa lo que observe, no lo dice.
Es la más fiel enamorada, que sin importar lo doloroso que vea, vuelve.
La luna observa las más sinceras plegarias
y los sentimientos más primitivos.
La luna, resuelta y risueña, te ama.
Como yo.
Le he hablado de ti. Te ha visto. Siempre lo hace.
La luna me cela. He podido tocarte.
Yo la detesto. Ha podido verte.
Añora que vuelva la noche, para presenciar tu más sincero ser.
Yo aspiro que se haga de día, solo para intentar tener esperanzas.
Ella volverá a tenerte hoy.
Maldita luna, te envidio.
De tanto verte, fue inevitable no enamorarse.
De tanto vivirte, fue inevitable no enamorarme.