La llegada de los españoles a América es el acontecimiento más importante, más trascendental en la historia del Mundo.
Aquellas gestas están marcadas por la condición humana; entre sus páginas vibrantes se encuentran la mezquindad y el heroísmo, la traición, el amor, la dignidad, el sacrificio...
Y en esa lucha de ideas y de sueños, de feroces ambiciones, hubo héroes cuyos nombres deberían escribirse con fuego en la memoria de los pueblos. Uno de ellos se llamó Lautaro, bravo combatiente del pueblo indígena Mapuche; capaz de descubrir que su lucha, no era contra supuestos dioses, sino contra seres humanos.
En sus arengas, Lautaro recordaba estas verdades irrefutables: <<Los españoles no son dioses, ellos se cansan, sufren y mueren como sus caballos. No existen seres invencibles, los españoles y sus caballos son tan pocos, que no podrán reorganizarse en caso de desastre. Ellos están lejos de su tierra, no podrán cruzar la mar ni las montañas para traer más invasores; ataquemos, ataquemos siempre, sin dejarlos descansar.>>
Durante cuatro años consecutivos, Lautaro y sus combatientes fueron una pesadilla para el enemigo; pero al final, un traidor, cuyo nombre desconoce la historia, reveló el lugar de su campamento.