Sigo a un hombre sin saber por qué. Con la ayuda de un niño que lleva en la gabardina encuentra a los muertos y los hace salir de la tierra, les da un beso y ellos le siguen. A veces es un hombre y a veces una mujer. Le pregunto cómo lo hace. Dice que el cuerpo está sobrevalorado, que no es para tanto.
Estoy escribiendo este cuento en una libreta de bolsillo. Cuando la comitiva se detiene a resucitar --él o ella dice "despertar"-- a los enterrados aprovecho para tomar estas notas. Ha enseñado a los resucitados a despertar a otros. me dice:
--¿Quieres aprender?
--Bueno.
--Cuando el niño señala una tumba te pones al lado... justo al lado... si te pones encima no saldrá. Solo tienes que extender las manos como hago yo y cuando asomen las manos, tiras de ellos... con cuidado, algunos son muy frágiles y podrían romperse.
(Sigo copiando)
--Luego les das un beso y verás que se iluminan por dentro.