La uva
El consumo de uvas previene el desarrollo de enfermedades cardiovasculares y retarda el envejecimiento.
Fruto de la vid, planta trepadora perteneciente a la familia de las Vitáceas y al género Vitis vinífera, la uva crece en racimos de entre 40 y 60 bayas en promedio. De forma esférica u ovalada y de tamaño pequeño o mediano, puede presentarse en dos tipos principales: la blanca (verde o ámbar) y la negra (roja, morada o negra-azulada). Su sabor es dulce y ácido.
El origen de la vid se remonta a la Prehistoria. Se cree que se cultivó por primera vez en Asia, alrededor del año 5000 aC. Protegida de los vientos glaciares, la planta sobrevivió en bosques templados, a los que se adaptó para dar lugar a nuevas variedades. Durante la Antigüedad, egipcios, griegos y romanos comenzaron a expandir su cultivo en la cuenca mediterránea. Hoy, Italia, Francia, España, Estados Unidos, México y Chile son los principales productores.
Su composición nutricional es variable. En general, la fruta contiene vitamina B6, ácido fólico, minerales y azúcares (principalmente fructosa y glucosa), que le confieren un alto valor calórico y energético. Las uvas blancas tienen mayor concentración de azúcares, calcio y magnesio, y las negras son más ricas en potasio.
Las uvas contienen flavonoides, taninos y antocianos, sustancias con propiedades antioxidantes que, entre otras bondades, previenen el desarrollo de cáncer y de enfermedades cardiovasculares y degenerativas. Dentro de los flavonoides, el resveratrol (presente en mayor cantidad en las negras) es el más reconocido: evita la arterioesclerosis, mejora la fluidez de la sangre e inhibe la formación de coágulos.
Por su contenido de fibra y otras sustancias que favorecen la motilidad intestinal, al comerlas con piel y semillas actúan como suave laxante.
Fuente: +Salud, año VII, nº38.