Hola chicos, espero que estén excelente, para esta oportunidad quiero contarles una anécdota que me pasó cuando tenía 12 años.
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Los detalles ocurrieron así: estaba haciendo la cola en la atracción , en la que, al llegar a la entrada , mis hermanos deciden que ya no quieren entrar a ese juego sino irse para otro, mis padres en ese entonces dicen que se van con ellos y que me esperarán a la salida. Me sentí abandonada, pero decidida a disfrutar de esta atracción antes del desfile. Al entrar a dicha instalación , el Stitch me daba miedo, lanzabas chistes en otro idioma como si fuera latín al revés para mis odios, además de que era pesado, puesto que molestaba y soplaba. Duró 30 minutos, los 30 minutos más largos de mi vida y a la edad de 12 años, eso? eso deja marcas ok?
Salí de la atracción y me dispuse de buena voluntad a marcharme de dicho tormento mecánico, pero todo había cambiado, me cuestioné, dudé, pensé lo peor al ver tal escenario, me dije a mi misma:
-Mi misma cuando entramos no era de noche o ¿sí?
-Mi subconsciente respondió: No, no era de noche ¿qué le paso al sol? Estaba justo aquí. Bueno no aquí, me incineraría, me refiero a allá, guindado en el firmamento.
-Mi misma: Cierto.
La oscuridad me abrazaba como al más fiel del los amantes, la luz acaecía más y más, empezaron los efectos secundarios, palmas sudaban, hombros pesados. Era de noche y no reconocía absolutamente nada, pues había salido por otro lado.
Recordé que tenía mi teléfono en mi bolsillo, me dispuse rápidamente a llamar a mis progenitores, me di cuenta que casi se acababa mi batería, velozmente llamé y nadie atendía, lloré, hasta que escuché una voz que decía:
“Su servicio no está disponible para esta región”
Me descompuse aún más , intenté hablar con alguien en el pseudo idioma que manejaba, pero nadie me entendía. Luego sentí que la esperanza me abrazó de nuevo, mi bolsillo vibró, era el teléfono de mi madre que tenía una llamada del teléfono de mi papá, me apuré a atender, se me cayó el teléfono producto de mi desesperación, lo recogí y atendí la llamada, la suerte me sonreía y finalmente pude ubicarlos sin ayuda de nadie. Ese día entendí que un GPS podría ser mi mejor amigo y que definitivamente aprender inglés tenía que ser una de mis prioridades.