Mis compañeros de experiencia y yo fuimos contratados por el distinguido antropólogo e investigador de culturas indígenas Daniel Barandiarán, quien para el momento, tenía muy adelantada una investigación sobre los Sanemá Yanohama.
Dicha investigación vería la luz pública, años después, en la forma de un extraordinario libro que lleva por título Los hijos de la luna, editado por la Editorial Arte y auspiciado por el Congreso de la República de Venezuela, en la ciudad de Caracas, en el año 1974.
Hoy quiero presentarles este libro entrañable para mí.
Estudiando el texto se llega a la conclusión de que Daniel Barandiaran llegó a un conocimiento muy profundo de la cultura Sanemá. Esto lo logró no solo en lo que respecta a la ubicación del pueblo Sanemá en la historia antropológica del mundo o a sus manifestaciones culturales -materiales y de modo- de vida, sino que pudo entender el sentir profundo de su gente.
(Foto desde el libro citado, original de Barbara Brändli)
El libro se complementa con un dossier fotográfico, realizado para la investigación, por la magnífica fotógrafa venezolana, de origen suizo, Barbara Brändli. Sus fotografías son un canto a las culturas indígenas; nos enseña sus creencias, sus ritos, sus costumbres, sus emociones y constituyeron un elemento primordial en las investigaciones sobre comunidades indígenas venezolanas.
Particularmente en el libro Los hijos de la luna Barbara Brändli logra decir de los indígenas, de un golpe de vista, lo que los tratados tardan mucho en decir de manera especializada.
Desde que trabajé en el en el Campamento indígena El Casabe, ubicado a las márgenes del río Paraguas, con este grupo indígena, y desde que tuve que separarme de ellos, me he sentido en deuda con el pueblo Sanemá, principalmente con las personas que formaban la población del Campamento Indígena El Casabe. Muchas de esas caras se quedaron en mi recuerdo de una manera prístina gracias a que aparecen retratadas en este libro que les presento hoy.
(Campamento Indígena El Casabe, foto propia, de mi archivo personal )
El libro tuvo dos ediciones, limitadas a muy pocos ejemplares, por lo que , lamentablemente, muy poca gente lo ha leído.
Para las ilustraciones de esta publicación fotografié, del libro, algunas de las imágenes que lo componen (que como ya dije fueron tomadas por Barbara Brändli).
Abrigo la intención de comenzar, con este post, una serie de publicaciones en las que iré presentando aspectos de la cultura Sanemá.
Han pasado algunas décadas desde que este libro se editó y desde que perdí contacto directo con los Sanemá, pero sigo manteniendo por ellos una admiración sin límites y un amor muy profundo.
Guardo la esperanza que ese espíritu que resistió miles de años haya sabido sobrellevar el impacto tremendo (derivado de políticas de incorporación a la totalidad social, que son, en el mejor de los casos, ignorantes del precioso valor cultural que representan las diferentes etnias) y tengan a buen resguardo, en su memoria, en su lengua, ese saber ser gente que tan profundamente impacta a quienes les han estudiado.
(Foto desde el libro citado, original de Barbara Brändli)
El capítulo I del libro Los hijos de la Luna constituye una explicación desde el punto de vista antropométrico, genético y cultural que ubica la llegada de los primeros Homo Sapiens a América, persiguiendo las manadas (al mismo tiempo que en Europa) en el Paleolítico Superior.
Señala Barandiarán que, de acuerdo a las investigaciones, esta llegada se produjo en dos oleadas, una primera de hace entre 50.000 y 30.000 años y una segunda y mayor oleada que se produjo entre hace 25.000 y 12.000 años.
El paso se produjo a través del estrecho de Behring en lo que constituyó el inicio del poblamiento de América.
El paso por centroamérica fue, seguramente, relativamente fácil ya que en aquel momento no existía la impenetrable selva actual entre Panamá y Guatemala.
Al entrar al Suramérica, con la dispersión de los rebaños, vino también la dispersión en abanico de los cazadores: una rama se adentró en los Andes, otra se asentó en Colombia y continuó a la inmensidad de Brasil y de las Pampas, y una tercera rama se afincaría en Los llanos del Orinoco, con exhuberancia de caza de los rebaños rumiantes.
Barandiarán asegura que los rasgos antropológicos de estos primeros americanos no han podido ser diferentes a los que prevalecieron en el Pleistoceno y en el Paleolítico Superior, hace 50.000 años, cuando predominaba el llamado homo sapiens fossilis, muchos milenios antes de que se produjese la mutación genética que originó el tipo mongoloide.
Asegura el autor que la cultura de esos primeros hombres americanos es fácil de establecer:
Es la llamada "cultura primitiva y original" (...) corresponde a la economía de cazadores y recolectores de frutas silvestres, sin agricultura ni ganadería. (...) este hombre dolicocéfalo no conocía ni el arco ni la flecha, implementos que fueron aporte de oleadas posteriores mongólicas. (...) sus armas principales eran el hacha de piedra, el lanzadardos, el boumerang, las bolas de piedra y los venablos arrojadizos. (...)
Sus viviendas eran simples paravientos, o mamparas provisionales. Sus vestidos , de piel de animal en las zonas frías, eran nulos o reducidos al mínimo (una caña o una hoja peniana). (...) Todos ellos obtenían fuego por frotación de palos especiales.
Asegura Barandiarán que los actuales antropólogos se sorprenden de la complejidad político-social y de su cultura espiritual, cuyo conocimiento aleja los antiguos conceptos que concebían a estos primeros habitantes como "hordas sueltas de promiscuidad social".
(Foto desde el libro citado, original de Barbara Brändli)
En este punto Barandiarán hace una conjetura crucial concluyendo, después de su estudio sobre los Sanemá-Yanohama, que son sucesores directos del primer hombre americano, cazador y recolector dolicocéfalo. Es decir, se puede decir, con admiración, que en ese grupo social se conservan todavía los rasgos esenciales de su primera morfología y de su cultura primitiva y original.
A los intelectuales, misioneros e indigenistas que creen ver una recesión o un retroceso cultural en la forma de vida de los Sanemá-Yanoama, que, a primera vista, parecen haber quedado en un estadio de caza y recolección, sin los indicios que caracterizan el neolítico, Barandiarán responde:
El prodigio histórico está en haber podido conservar en el mayor grado, toda su herencia social y cultural y todo su estrato inalterable e inalterado, en el orgullo de su envidiable independencia...
Los Sanemá son un grupo humano que no reconoce más nación que la definida por su lengua, por ello se les ha denominado, junto con otros grupos que comparten esta característica, como "marginales o independientes". Ésto, sin importar que la cultura dominante los reconozca, como de hecho ocurre, en lo legal, como integrantes de su población.
El mismo denominativo de "indios marginales o independientes" con el que se les conoce, señala ya todo el drama de un grupo humano que, para sobrevivir, ha tenido que rechazar asimilaciones desintegradoras por otras culturas u otros genios de raza o de lengua.
Se marginaron porque era el único recurso que les quedaba para subsistir y continuar siendo lo que eran: ellos mismos.
Ahora dejaremos en suspenso lo que se relaciona con la actualidad de los Sanemá para comprender, primero, quiénes son.
(Foto desde el libro citado, original de Barbara Brändli)
Recapitulando diremos que los Sanemá-Yanoama están identificados, en el lenguaje antropológico, por un triple sello: en lo racial son dolicoides; en lo cultural son paleoindios; y en lo lingüístico son paleo-caucasoides.
En Venezuela, los grupos que comparten esta identidad, con ellos, son los yaruros, los motilones, los Bariri, los Warao... ¡Todos ellos descendientes del primer hombre americano!
(Foto desde el libro citado, original de Barbara Brändli)
Del originario grupo étnico lingüístico, llamado Macro-Chibcha, que atravesó Behring, algunos subgrupos pudieron asentarse en las altiplanicies, armonizándose y mezclándose, posteriormente, con grupos braquicéfalos mongoloides y pudieron desarrollar civilizaciones basadas en la orfebrería y en los tejidos; otros, asediados por otros grupos mongoloides, por ejemplo los caribes, atravesaron el territorio buscando refugio en las defensas que pudieran encontrar en la naturaleza.
Este análisis explica, según Barandiarán, la presencia de los Sanemá Yanohama en la selva amazónica del Alto Orinoco.
De todos son conocidas las dificultades de la selva tropical para el desarrollo y la plenitud de las culturas. Las condiciones naturales y económicas que allí imperan impiden la concentración y el desarrollo de poblaciones y no dan lugar para el afianzamiento de los cuadros politico-sociales mayores y de tecnologías más avanzadas. Tal es el caso de los indios Sanemá -Yanohama.
(Foto desde el libro citado, original de Barbara Brändli)
Los Sanemá-Yanohama se extendieron por un territorio de 240.000 kilometros cuadrados, la mitad en territorio venezolano y la otra mitad en el de Brasil. Para el momento de la publicación del texto que presentamos la población estaba calculada en 15.000 personas.
Viven en una zona difícil de imaginar para la gran mayoría de la gente.
Asi la describe Barandiarán:
La belleza de las cascadas, el tajo titánico de los acantilados rojos , lo inverosímil de las erosiones, la trabazón hermética del techo vegetal de la selva, el pasmo de un silencio opaco..., todo ello da a esta zona un aspecto como del primer capítulo del Génesis o como de un paisaje irreal del Carbonífero Paleozoico todavía en vigor.
El capítulo II del libro está dedicado a describir este mundo fantástico, motivo de todo tipo de elucubraciones, desde las más enrevesadas hopótesis científicas hasta las más hermosas explicaciones míticas.
Tal vez, más adelante podamos regresar a este tema y detenernos, guiados por Barandiarán, a intentar hacer imaginar la selva.
Por los momentos les dejo esta rápida descripción del autor:
(...) Hectáreas y hectáreas de orquídeas de suelo, con sus explosiones de rojo, blanco y amarillo, con sus tumultuosas floraciones, plantas primitivas gimnospermas, nuevas para la ciencia. Aves y peces extraños. ¡Deleite del estudioso y arrobo del contemplativo!
(Foto propia, de mi archivo personal )
En el próximo post sobre Los hijos de la Luna podremos revisar los elementos lingüísticos (lengua y grafismos) y poblacionales, así como los elementos característicos de su modo de vida, poblados y formas de habitación.