Ella era nadadora y él era río.
Ella demarcaba y él fluía.
Ella se sumergía en su esencia y él abrazaba su alma.
Nunca se conocieron.
En ocasiones, la pérdida es lo que nos hace tomar conciencia de lo que siempre ha formado parte de nosotros, lo que nos completaba.
La luz no se puede ver a sí misma.