Aquella mujer dejó crecer
sus uñas
haciendo uso,
por primera vez,
de la infinita paciencia.
Y aquel día en que la paciencia parió,
se miró sus diez largos espacios blancos,
desde la orilla de sus dedos hasta el infinito
y sonrió.
Entonces, colocando
los diez filos sobre su pecho,
apretó
hacia adentro, y luego
hacia abajo,
hasta que sus manos fueron
sobre todo
rojas.
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