Definiendo la realidad, nos definimos a nosotros mismos.
Toda definición acerca del funcionamiento de la realidad es útil hasta que se trasciende, porque representa únicamente nuestro foco de interpretación hacia lo que no tiene forma ni definición.
Todos entendemos (e incluso compartimos) su definición, porque todos, en último extremo, estamos del mismo lado de percepción. Pero la realidad no tiene definición en sí misma. La realidad es todo y nada, complitud y vacío. Es y No-Es.
Así, somos nosotros 'lo que', bajo una autodefinición de 'yo', damos personalidad a eso que es tanto el infinito como la nada.