Aprendemos a agarrar cosas antes de saber que tenemos manos.
Aprendemos a caminar antes de saber que tenemos piernas.
Aprendemos a besar antes de saber que tenemos boca.
Hace mucho, alguien nos preguntaba: «¿Dónde tienes las manitas? ¿Dónde tienes las piernitas? ¿Dónde tienes la boquita?» Y nosotros señalábamos, respondiendo, con los deditos que no sabíamos que teníamos.
Pero un buen día despertamos, y nos dimos cuenta de que al agarrar usábamos las manos; al caminar, las piernas y al besar, la boca.
Despertar, por lo tanto, no cambió nada. Únicamente significó la toma de conciencia de lo que ya era.