No estaba preparado
para un sentir intenso
y sucumbió.
Por eso,
cuando sintió
que no podía cargar con aquel peso,
le dijo que no había nada en ella
que él pudiera querer.
Y se marchó
dejando a la que no necesitaba
en una silla de un salón.
Comenzó a sufrir.
Y conoció alguien en quien buscar continuamente.
Llamó a su antiguo hogar:
«qué poca cosa has sido para mí;
ahora lucho, estoy vivo».
Y cuando se volvió ante su presente,
dijo a aquella mujer:
«No paro de buscarla en tu mirada
y no la encuentro,
pero me muevo al despertar de cada día».
Este poema ha sido extraído del libro Metrafísica, de mi autoría.
Metrafísica es la conjunción de la Poesía y la Metafísica, del mismo modo que el destino y la realidad se conjugan para configurar nuestras vidas.
Cada título es una reflexión que trata de buscar su identidad a través de la cadencia del poema, sugiriendo al lector el ritmo apropiado para elaborar su propia conclusión.