El otro día comentaba con un amigo de Steemit, , al que valoro y aprecio mucho, sobre llegar a las personas a través de los escritos.
Con él me resulta muy fácil comunicar mis mensajes porque tiene una mente muy abierta y su nivel de conciencia está muy evolucionado.
Tal vez alguien pueda pensar quién soy yo para juzgar de esta manera a nadie, pero llevo toda mi vida enfocada en el Despertar de una realidad con la que nunca me terminé de identificar, y a medida que abrí mi propia percepción más allá de lo que los sentidos captan, y pasé por diferentes experiencias de las que no tienen vuelta atrás, he desarrollado también cierta sensibilidad para reconocer esas personas que, lo sepan ellas o no, viven desde más allá de lo que se les presenta como su realidad.
Y hoy, de repente, aparece ante mis ojos esta fotofrase (así he estado llamando la feliz idea de unir imagen y texto) que creé hace unos años jugando con una foto mía para lanzar este mensaje.
Y me acordé de ti, Jose Vasquez.
Siento una enorme gratitud por permitirme compartir mis experiencias puestas en palabras con esa mente tan receptiva y coherente.
Lo sabes, amigo, no te queda otra que triunfar, porque conoces el secreto del éxito: Sigue siendo como eres y confía en ti. El destino está de tu parte si tú no te partes, así que, adelante.
Pero quería, más allá de esta alusión tan particular, decir que yo nunca me he sentido atraída por ningún texto en el que no me encontrara a mí misma. Del mismo modo, creo que al escribir con honradez, todo aquel que vibra en diferente frecuencia de dicho texto, directamente se desinteresa y abandona su lectura, pero la maravilla sucede cuando dos mentes, el escritor y el lector, se encuentran, convirtiéndose en una sola mente.
Es ahí, en ese momento, cuando yo sé que escribir ha servido para algo.
Un millón de gracias a todo el que me lea y se encuentre de alguna forma entre mis letras, y a todo aquel en cuyas letras me descubro.
Las palabras no viajan: Son eslabones de joyas divinas en este océano de despistes.