Opino que la experiencia de vivir el presente, tan demandada por las nuevas tendencias espirituales, no determina, en sí misma, el encuentro con La Realidad.
El aquí-ahora puede sumergirte en la más absoluta inconsciencia.
Sin embargo, si algo inesperado sucede que te saca de la abstracción desde la máxima concentración, es probable que el lugar en el que desemboques sea el Ser.
Entonces, sucede…
Y lo que sucede no tiene vuelta atrás, más que de visita.
En una ocasión, veíamos en familia un vídeo de Super 8 (esas, ahora engorrosas, películas que sacaban mis padres en situaciones especiales de nuestra infancia). Cuando más sumergidos estábamos en las escenas proyectadas, comentando, riéndonos, adentrándonos en los momentos que la proyección en la pared evocaba, de golpe, en medio de toda la escena se fue abriendo un agujero que dejó desnuda la pared, en su blanco esplendor.
La película se había quemado.
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No fue difícil salir de la concentración. Es más, ¿hubiera sido posible seguir en ella? ¡No, obviamente! La película desapareció ante nuestros ojos y nosotros, como consecuencia, salimos de la película. Encendimos la luz y nos dirigimos rápidamente hacia el origen del asunto. Apagamos el proyector y sacamos lo que quedaba de cinta mientras esta había dejado de ser una dimensión en la que adentrarse, para pasar a convertirse en un objeto a reparar en otra dimensión previa: el origen de la dimensión desaparecida de un fogonazo.
Cuando veíamos la película de otra época, concentrados en la pantalla, con la luz apagada, entrábamos en ella, resintiéndonos de los golpes que nos dábamos, riéndonos de los juegos y alimentándonos de las muestras de cariño a raudales que nos mostraban abuelos y tíos que no veíamos con frecuencia.
¿Hubiera sido posible, en esa concentración, tener una vivencia de «Despertar»? Me temo que no. Creo que cada vez estaríamos más absorbidos por la experiencia, más alejados de lo que realmente Somos.
Pero, como dice un amigo respiracionista, la clave no es el presente, sino La Presencia. Esto es, el Ser. Y ambas, si no opuestas (que no lo descarto), son experiencias diferentes.
El presente pertenece al tiempo lineal. Su experimentación sucede dentro de este; por lo tanto, dentro del engranaje en el que somos personajes expuestos a los envites del proceso de tal tiempo.
La Presencia engloba los tiempos sin tiempo. Todo fluye a través de ella, pero no es contenida.
Por lo tanto, personalmente elijo La Presencia aunque, como he dicho antes, vuelvo, generalmente de visita, al presente de golpes, risas, juegos, amores… En fin, a la forma de lo que en La Presencia, simplemente, Es.