A veces me obsesiono con algo, y me convierto en un recipiente de angustia, de ideas contrapuestas comprimidas en mi pecho.
De repente, me doy cuenta de que estoy dando sustento a una realidad desordenada, y devuelvo el nudo de energía al universo, que lo desenmaraña.
Entonces compruebo que sin mi intervención el mundo que percibo no existiría.

La vida es un espejo que se puede atravesar.
Creamos lo que percibimos.


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