¿Te acuerdas de aquello en lo que ni se te ocurría que ibas a fallar, aquello en lo que la confianza en ti mismo te sobraba, y siempre te era demostrado que llevabas razón, que triunfabas por naturaleza? ¿Te acuerdas de aquello en lo que eras valorado, reclamado?
¿Recuerdas aquella sensación?
Esa misma sensación la puedes crear.
Tú no buscas ninguna de esas cosas que parece que te faltan. Tú tienes lo que les falta a ellas, porque ambas cosas, lo que quieres y lo que tienes, son las dos caras de una moneda, y ninguna podría existir sin la otra. Así que cuando buscas esa otra cara, también ofreces la otra cara.
Sube tu autoestima, y acepta esto, porque es la verdad:
- Yo no busco trabajo: Yo ofrezco soluciones de calidad.
- Yo no pido una casa: Yo ofrezco habitar en esa vivienda que me pertenece.
- Yo no busco dinero: Yo ofrezco ser quien haga funcionar y de sentido al dinero.
- Yo no busco salud: Yo ofrezco un organismo cuerpo mente para que la salud se instale en él.
- Yo no busco amor: Yo ofrezco amor allí donde hay amor para multiplicar, y recibir mi parte.
No es posible desear nada del universo sin tener la pieza en la que eso deseado encaja.
No lo buscas tú. Te busca eso. Y la vida — dual — es simétrica, así que el objetivo de ambas partes es juntarse, con lo cual el éxito es inevitable.
No lo creas, sábelo.
¿Recuerdas lo bien que te salía eso que sabías que te saldría bien? ¿Y del éxito que cosechabas en aquello que hacías sin ninguna duda de que iba a satisfacer las expectativas de los demás?
Pues eso. No tuviste que hacer esfuerzo. ¡Lo sabías! ¿Lo has olvidado? Recupera la sensación, aplícala a cualquier deseo y… ¡sábelo!, es tuyo.