Caminando por la calle, me encontré en el suelo la imagen de un dragón. Fue al momento (o sea, después) cuando vi la hoja.
Mi mente percibió antes la sombra que la imagen que la proyectaba. ¿Cómo puede ser eso? Supongo que, dado que aquí es otoño, y es natural ver hojas secas por el suelo, mi mente la tenía integrada, de manera que yo ya no veía hojas. Entonces, apareció el dragón.
Me pregunto, ¿qué es eso que no vemos de tan natural que es? Y a esta pregunta, sigue otra, ¿negamos la materia prima de lo que percibimos, sin darnos cuenta de que sin ella es imposible la materialización de lo que damos por verdad?
Nuestros sentidos nos engañan. Propongo que miremos más allá de lo obvio, porque probablemente descubramos que se trata solo de una sombra y, cuando integremos esto, tal vez descubramos el sol y la forma que la han generado.
Y entonces comprendamos que ambas cosas son Uno Mismo.
¿Una hoja o un dragón?
De nuevo, cuestión de enfoque y perspectiva.