Para mí fue una experiencia nueva y cautivadora, dar clases nunca había sido de mi interés y a niños mucho menos, ya que para eso se necesita una formación psicopedagógica y mi formación solo ha sido artística desde el nivel universitario, ciertamente el teatro fortalece la comunicación y la creatividad, y esto es esencial para el momento de enseñar, el teatro es dinámico, así que por ahí tenía un punto a mi favor y poco a poco me fui adaptando a los niños y ellos a mí, me di cuenta que tenía paciencia para enseñarles y entenderlos, les agarré un muy bonito cariño y hacíamos que el trabajo fuera bastante placentero tanto para ellos como para mí; cuando se es niño la inocencia es lo que abunda, así que los niños improvisaban sin ningún tipo de complejo o prejuicios porque a su corta edad lo que saben disfrutar más es el juego, y el teatro es como un juego, nos divertimos y pude compartir con ellos desde los conocimientos que he adquirido a lo largo de mi carrera.
Las comunidades a las que asistí para aportar mis conocimientos fueron: Petare en el barrio “José Félix Rivas”, Rocartapeya, El Valle y Catia, barrios en donde hay bastante necesidad social, y la conducta de los niños son influenciados por sus padres, familiares, amigos o vecinos que en algún momento han delinquido o la misma necesidad los ha llevado a dar malos pasos, es por esto que para mí era muy importante ser un ejemplo a seguir para esos niños y adolescentes, expresando desde mi los mejores valores, para educarlos y hacerles sentir que desde el arte pueden encontrar un mundo de felicidad, bienestar y tranquilidad, principios de vida que quizás han sido ausentes en sus hogares. Lamentablemente habían muchos representantes que no sabían la importancia de estos espacios recreativos y creativos para sus hijos y la opción de dejarlos en estos centros en vez de verlos como un espacio para crecimiento intelectual y espiritual de sus niños, lo veían como una guardería. Recordemos que esta disciplina necesita de mucha rigurosidad y exigencia por más divertida que sea, y eso debe estar acompañado de la disciplina y buena conducta que el niño o adolescente tenga en su hogar, ahí una vez mas se demostraba la malas crianzas y las malas conductas que los niños tenían por falta de cuidados de sus padres. Es ahí cuando me llenaba de paciencia, los entendía y trataba de hablar con ellos y aconsejarlo, así que no fui solo una profesora de artes para ellos, también me sentí como una amiga que les podia ayudar y apoyar en sus decisiones y en su crecimiento. Creo que esa la verdadera labor, porque cuando ves luego el resultado de los montajes, y de su mejoramiento en el comportamiento, dices: después de todo el esfuerzo valió la pena, ese es el placer que da al ver los frutos de tu dedicación y granito de arena que aportas a la sociedad.
Los niños fueron siempre muy agradecidos, me encantaba la cara de felicidad al verme, porque sabían que el teatro era una vía de escape y disfrutarían las clases. Las dinámicas de improvisación eran las más divertidas, los niños tienen el poder de la imaginación a flor de piel y eso hay que aprovecharlo al máximo para crear un montaje teatral, y así fue, desde las improvisaciones se realizaron varias obras teatrales tomando en cuenta que la base de los montajes se inspiraban en el maestro escritor y pintor César Rengifo.
Fueron unos meses muy enriquecedores, aprendí que a los niños por más inocentes que sean no se pueden subestimar, ya que ellos captan y entienden todo de una forma rápida y efeciva, solo hay que saber cómo y en qué momento decirles las cosas para que ellos entiendan de la mejor manera y sientan que es importante lo que uno les está diciendo.
Las obras que fueron montadas y presentadas son las siguientes: "Los Cantos Amargos ", "Apakuana y Quricurian" y "César y el mundo de los colores"
De: César Rengifo
Feliz por compartir esta experiencia con ustedes
Gracias por su atención
por si gustas leer la hermosa labor que tuve con los niños en el teatro, sería todo un placer