Esperaba el final desde hace tiempo. Mi refugio gramatical no sostenía sus intereses emocionales, por lo cual, llegados a cierto punto, la desesperación por ser amada, explota.
Amante de letras caído
Amante de letras caído
Consolaban sus manos a mis ausentes de vida lágrimas, consuelo que está marcando el final de la famosa frase: «tenemos que hablar», frase congestionada de recuerdos, risas, llantos, miedos, fracasos, que al final atropella con todo su poderío al vacío que lentamente se forma en la porción media del mediastino inferior, sección central del tórax, corazón, para ser exactos. Observo como desfallece mi mente, no reacciona, la causante persona de mis decesos mentales está ahora rompiendo la rutina de amarme diciendo que se veía venir, nadie logra soportar vivir con un lunático de las letras, que se resguarda en sus relatos, poesías u otras cosas literarias, por no conocer cuáles son. Soñando con vivir en un proceso de estructura amorosa que no termine, cese, acabe o finalice, es en lo que mi turbio cerebro puede pensar en este momento, negación a regalar sus besos a otros labios, conmemorar la alegría en otro cuerpo, no lograré asimilarlo.
Me besa la frente tiernamente, arrodillándose porque me encuentro clavado al suelo, pareciendo que cada vez más me hundo, sus pesadas palabras hacen que sea así. No sirve tratar de calmar el interior voraz de arrepentimiento de quien hizo de su mundo musa e inspiración, siendo ella misma un pérdida invaluable en el proceso. Murmura una frase letal: «te seguiré queriendo», dolor recorriendo con éxtasis cada rincón de mi quebrado cuerpo, cada fibra, músculo, hueso, vena, órgano, se siente roto, destruido. ¿Cómo podré refugiarme nuevamente en las letras?, aquel ser humano que escribe con el corazón roto, también sus historias estarán rotas.
Desenlace de separación, alzo la vista, visualizo una deslumbrante figura caminando en dirección contraria a una pequeña sombra, acabando 6 años de melosa inspiración, dejando atrás a un futuro vagabundo recorredor de versos e historias podridas y dañadas, que se enfrascará solamente a romper alma, corazón o cuerpo a las desdichosas personas lectoras de sus futuras obras literarias. No habrán nuevos capítulos en este cerrado libro que es mi vida. Leeré una y otra vez el final tormentoso que me dejó tu partida.
¡Gracias por pasarte a leer!.