No se si fue un sueño o una realidad, el creer sentir por un momento que rozaste mis cabellos antes de marcharte. Al despertarme, de tu lado de la cama solo estaban las sábanas arrugadas y humedecidas aún con un poco de tu sudor, sudor que dejaste en mi piel, al igual que la incertidumbre de siquiera saber tu nombre. Me volteé de cara al techo, bostezando y, a la vez, maldiciendo al alcohol que se había llevado consigo gran parte del recuerdo que tenía de tu rostro. Me levanté a tomar un baño y el piso estaba mojado, habías dejado una toalla sobre el lavamanos y un jabón a medio gastar. Lo único que quedaba de ti en la habitación (y que sabía también quedaría en mi mente en la posteridad) era tu aroma, tu fragancia y fotogramas de instantes que me mostraban el color de tus ojos para luego llevárselos nuevamnte. Desistí de la idea del baño y, por el contrario, lavé mi cara por un tiempo indefinible, dejando que mis pensamientos fluyesen y se derramasen con el agua. Al volver, vi en la cama dos cuerpos, dos cuerpos de sexos opuestos, responsables de lo que había pasado la noche anterior. Me cuestionaba qué múltiples cosas nos habían llevado hasta allí, y si tú, al igual que yo, te preguntabas si era cierto eso de que dos soledades suman una compañía. El único camino que quedaba en frente de mí, tomaba la forma de la puerta. Al salir, me llevé conmigo únicamente un montón de preguntas, preguntas que siempre tendría, porque antes, al marcharte, te habías llevado tú todas las respuestas.
(Imagen de https://www.instagram.com/lalesh.aldarwish/)