9.4) El aporte de la ACD
En este marco, la propuesta ACD aparece llenando un hueco en el escenario sociopolítico del país. A través de ella, los contribuyentes individuales, y las instituciones que hoy representan a las fuerzas vivas, podrían emprender las acciones legales que la actual situación de abuso del fisco impone. Y tales acciones no redundarían en perjuicios, ni operativos ni de imagen, para sindicatos laborales o asociaciones empresariales. Las organizaciones preexistentes decidirían su nivel de participación en la ACD, en un rango que va desde el anonimato al liderazgo. Dicho grado de participación podría, además, variar en función de las particulares circunstancias de cada momento. Tampoco se descarta el surgimiento de nuevas asociaciones de trabajadores o empresarios, en complementación u oposición a las existentes.
La ACD no sólo actuará combatiendo el exceso de gasto del Estado. Como hemos señalado, el abuso fiscal no consiste exclusivamente en el despilfarro. Sus otros dos componentes son:
-la exención de hecho que significa la convivencia pacífica del Estado con la actividad económica informal,
-la larga lista de impuestos y regulaciones injustificados, generalizados y específicos de ciertas actividades, y
-la gran carga fiscal encubierta en las tarifas públicas (servicios públicos y combustibles)
Si bien consideramos que el eje de la actividad de la ACD estará en la reducción efectiva del gasto público en los términos descritos en páginas anteriores, se desarrollarán también acciones concretas, lideradas eventualmente por los socios de la ACD directamente afectados por los correspondientes abusos fiscales. Algunos ejemplos evidentes son:
-las ferias oficiales, que perjudican directamente a los comerciantes de la zona en que funcionan
-los certificados de “al día” con la DGI y el BPS, que otorgan esos mismos organismos desconociendo sus propios registros y su interconexión informática, e imprimiendo al empresario formalmente instalado costos y trabas considerables y absolutamente injustificados