Durante mucho tiempo -ya no recuerdo cuanto exactamente- me ha gustado garabatear sobre las páginas en blanco, sobre las paredes de mi cuarto, en los cartones de cajas desechadas. Así nacieron las ganas de aprender Diseño Gráfico. Siempre le preguntaba a mi madre ¿cuándo podría hacer un taller o un curso de eso? Y la respuesta siempre fue la misma: “Hijo, algún día lo harás.”
Muchos años pasaron envueltos en la misma frase. De pronto comencé a matar unos tigritos (expresión venezolana que significa “realizar algunos trabajitos”) y fui reuniendo de poquito en poquito. Cuando ya tenía unos ahorros más o menos alcanzables, solicite el apoyo de algunas verdaderas amistades (esas que llamo hermanos, en vez de amigos). Y pues termine asistiendo a un curso de Diseño Gráfico realizado en CEVENCA, C.A. Quizás no sean la mejor academia en la materia pero por lo menos comencé a conocer un poco más –no importa que sea lo básico- de lo que siempre me ha encantado antes que la escritura.
Tres de los ejercicios finalizados son los que les comparto acá.
El primero, no solo en compartir sino también en realizar durante el curso, son unos vinilos en blanco y negro. Fue algo estresante al principio, pero luego se convirtieron en la mejor manera de liberar presión universitaria.
El segundo fue inspirado en una fotografía que tomé hace mucho tiempo. Pero como todo niño que anda mono con juguete nuevo, y yo siendo un novato en diseños, no quedo tan perfecto; pero me gusto hacerlo. El personaje es .
El tercero, y último aquí y en el curso, es una serie de pulpos que a pesar de no ser mi diseño favorito me permitió conocer otras técnicas antes de decirle adiós al curso de Diseño Gráfico.
Esta es otra parte de mí.
No solo soy versos y cuentos.
También soy trazos garabateados a nivel digital.