Me inicie hace muchos años, cuando escogida por Dios, por medio de una religiosa aquella mañana cuando cantaba al papa Juan Pablo II en una iglesia. La religiosa me ofreció un trabajo en la escuela donde ella laboraba; ella quería que lo que yo sabia se lo enseñara a todas las niñas de la institución. Y así fue, ya tengo diez años trabajando en lo que soy maestra de música. También me dedico a seguir cantando en la iglesia, en sus diferentes celebraciones, Domingo de Ramos, Día de la Misericordia, en la visita al leprocomio, llevándole un poco de alegría a los leprosos; en las jornadas franciscanas en diferentes partes de caracas. Todo eso y mucho mas para agradar a Dios, porque siempre cantare al Señor que me ha tratado bien.
Cuando el espíritu de Dios encontró la tierra desolada, se le ocurrió crear al hombre, pero para eso, tuvo que hacerle un lugar agradable para que viviera feliz. Entonces empezó a crear la música y el canto, en el viento y en el mar, en el rió y en la cascada en las aves que cantan y nos deleitan con sus armoniosa armonía, que identifica a cada especie; a los peces que revolotean y a los monstruos marinos, a los reptiles y animales salvajes y al final el gran cantante, "el hombre " que combinaba su voz con la de una mujer.
También se creo la música cuando empezó a llover, en el relámpago, en el trueno, en el rayo y en la centella.
Después nacieron los niños, con sus voces angelicales suaves y tiernas.
Formaron con instrumentos una gran banda, y fueron poblando la tierra, creando y evitando la guerra. Cambiaban las armas por el fragor del cuerno, el arma, la citara, las danzas, que bailaban al son de los tamboriles y los platillos sonoros y triunfantes. Y decían, tomen un instrumento musical ya sea una flauta o el arpa y festejen al Señor que por medio de la música encontramos la paz.