Skipper era un perrito que vivía en la calle. Nacido de un padre ausente y una madre soltera que lo crió hasta sus dos meses. Desde entonces, Skipper ha vivido por su cuenta entre las calles de Trebon, una pequeña ciudad donde el trabajo duro abundaba y a los humanos sólo les importaba trabajar y llegar a sus casa para seguir trabajando.
La madre de Skipper se fue una noche para perseguir a otros perrillos, y por alguna razón que Skipper nunca supo, ella no volvió. Aunque quiso esperarla tanto como fuera necesario, el hambre lo movió a salir de su pequeño rincón y comenzar a buscar algo que comer.
Las calles de Trebon siempre estaban húmedas y llenas de charcos, pero, para un perro callejero, era necesario buscar el pozo más limpio; pues la ciudad y la gente era muy sucia. Así que Skipper comenzó a buscar un buen pozo, usando las técnicas y estrategias que el resto de sus 16 hermanos le habían enseñado antes de desaparecer.
Sus hermanos eran grandes estrategas (en especial los primeros de la camada), así que no le tomó mucho tiempo encontrar un charco limpio para beber agua. Ahora estaba el asunto de la comida. Respecto a ésto, los consejos de sus hermanos habían sido bastante simples:
- Buscar los restaurantes más grandes.
- No ladrar a los comensales del restaurante.
- Intentar mantenerse aseado, pero no demasiado. (No sea que piensen que tienes dueño).
- Recibir a las personas a una distancia prudencial de la puerta (evitando ser visto por los meseros)
- Siempre levantar las orejas y sacar un poco la lengua, pues "eso parece agradarles a los humanos".
- Si no tienes éxito con las personas, date una vuelta por la puerta trasera del restaurante. A veces se encuentran maravillas al final de la noche!
Pero éste no era el caso del buen Skip, pues siempre tuvo mucho éxito con la mayoría de las personas que lo veían. No solo seguía las estrategias de sus hermanos, sino que había desarrollado muchas más. Así que, al final del día, Skipper siempre llevaba consigo al menos 5 bolsas de comida desperdiciada (o en algunos casos, comida que los mismos humanos decidían apartar para "Aquél perrito bonito y educado de la entrada").
Gracias a que se mantenía relativamente aseado, algunos humanos se le acercaban y lo acariciaban un poco. Le hablaban con mucha dulzura y, si Skipper era un buen chico, ¡hasta le rascaban la panza! Skip nunca tuvo problemas para alimentarse, por lo que nunca significó una mayor preocupación a largo plazo.
Pero, si había algo que movía a Skipper a hacer un buen trabajo todos los días, era el lograr que un humano se le acercara para acariciarlo y juguetear con él. ¡Cuánta felicidad llenaba a Skipper por dentro cada vez que esto sucedía!
Para Skip, el medidor entre "Un buen día" y "Un mal día" siempre estaba en cuántas personas se le acercaban para ofrecerle cariño.
Pero había un problema... Y era algo que se salía de las patas del pequeño Skip. Los humanos, por más cariñosos que fuesen con él, siempre se iban. Aunque era feliz por esos momentos de afecto, siempre sentía el vacío cada vez más grande que dejaban al irse y no volver.
Al final, los humanos siempre volvían a sus rutinas, a su enfoque: el trabajo.
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Fuente
Así que el pequeño Skipper no podía evitar sentirse solo, aún con tanta comida que lograba conseguir. Siempre le faltaba ése algo que lo llenaría completamente. Ése algo que lo llenaría más que todos los platos servidos en un restaurante al día. Ése algo que lo haría feliz para siempre.
Continuará...