Con regularidad no atendemos situaciones porque sencillamente nos afectan, y por ende no la reconocemos, y mucho menos aprendemos de ellas haciéndolo parte de nosotros. Lo curioso es que eso no nos otorga salud mental, sólo soslayamos lo que está delante de nuestros ojos que no desean ver más allá. La realidad de todo esto es que dentro de éste mundo todo perece, todo se degrada, todo deja de existir en algún momento.
Ésta verdad la reconocemos sólo en algunas situaciones. Vivimos apegado a lo externo donde la realidad nos aturde la mente, y nos confunde, vivimos bajo una ilusión. Somos un transito, y tenemos fecha de vencimiento. Durante todo ese transito las cosas van y viene, como las estaciones del año, termina una y empieza la otra, y vuelve el ciclo, y ¿qué hacemos? toleramos y esperamos a que el tiempo pase. Así son algunas situaciones, pero no tenemos paciencia, no la soportamos y las retenemos todo en la mente, que se hace un caos, se vuelve una perturbación total, y es más fácil controlar el viento que la misma mente.
Si nos centraramos a aceptar la realidad y lo que sucede, que las cosas no son como queremos sean, sino que son como son, la realidad misma, la paciencia y la tolerancia se incoporará a nosotros en las situaciones que nos cuesta soportar reduciendo la ebullición mental. No dejemos que la mente nos gobierne, allí ocurren muchas cosas.
Agradecido que hayas leido mis palabras. Espero te hayan gustado... un cartel poético más, de los presentados en mis funerales oxidados.

Sin causa
Retrato el recuerdo de la duda,
sumergido en un amargo fluido,
la mirada posada en un cristal,
la solución, una extraña carta.
La agonía del motivo vacío aturde,
camino la sala del destino,
aparece sin indicio esperado.
Con fortuna, las palabras del orador
no llegan a romper la razón,
la transitorio es de confiar,
no tolero lo que está en el pedestal.