Una pequeña sorpresa
Una pequeña sorpresa
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Hace algún tiempo en un muy pequeño y lejano pueblo, tan lejano que pocos sabían de su existencia y así menos conocían su nombre, pero estaba ubicado en el mapa y contaba con pocos habitantes. Como todo pueblo, todo se sabe, hay muchas casas cerca, los cuentos de terror abundan, los saludos mañaneros no faltan, los comentarios de los abuelos sobre lo que escucharon la noche anterior de la hija de la vecina, y muchas cosas más.
En una de las hileras de las casas, había una específicamente que resaltaba entre todas y está era la de la esquina, la cual era la más colorida, en la que más se escuchaban voces, ruidos, escándalos, música alta y siempre emanaban olores de exquisita comida recién hecha.
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Está estaba habitada por tres bellas hermanas, América -la mayor- la protectora, cuidadora, la matriarca de las tres, ella cocinaba cualquier tipo de plato para ellas y por supuesto también a los vecinos, era la que mantenía la casa olorosa y ruidosa, siempre contando con constantes visitas. Amelie -la del medio- la más tranquila, centrada y curiosa, con la mentalidad de que todo pasa porque el universo así lo decide, amante de los animales y obsesionada con la limpieza. Anais -la menor- la más “loca”, amable, soñadora, alegre, sonriente y traviesa de todas, de niña era la que hacía bromas a los vecinos.
Todos en el pueblo las adoraban y sabían que tenían un buen corazón pero lastimosamente eran catalogadas como las solteronas de todo el pueblo y así las llamaban cuando ellas no estaban presentes o cuando hacían algún comentario de sobre ellas.
Una noche como muchas otras, mientras América se encontraba en la cocina preparando la cena, Amelie arreglaba la mesa y Anais buscaba que canción poner para el ambiente de la cena, tocan repetidamente y efusivamente la puerta principal, se escucha como salen corriendo después de eso, así que no le dan importancia y continúan en lo que estaban; de repente oyen el llanto de un bebé y estaba realmente cerca como para alarmarse.
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Así que Amelie se acerca a la puerta y la abre con mucho pero mucho cuidado y al hacerlo se da cuenta que hay una cesta en la alfombra de “BIENVENIDOS” y que en está algo se movía, asustada remueve la manta y da con un bebé de piel tostada y limpia, de cabellos claros y abundantes con ojos color caramelo protegidos por una largas pestañas mojadas por el llanto, sin lograr emitir palabra por su asombro, inmediatamente les hace señas a sus hermanas para que también vean lo que ella “creía” que era.
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¿Qué es esto?, ¡Un bebé en la puerta de un desconocido!, ¿Quién hace eso?, ¿Cómo pueden ser tan inconscientes y malos?, ¿Por qué a nosotras? Fueron unas de las interrogantes que pasaron por las mente de las tres y la más importante de todas vino al unisonó de sus voces.
-¿Qué vamos a hacer con la criatura?-
-¿Qué vamos a hacer con la criatura?-
Sorprendidas sin saber qué hacer, toman la canasta de la alfombra para trasladarla adentro de la casa dejándola de esa forma en el comedor para pensar con claridad y poder escuchar las ideas de todas, de esta manera saber cómo debían actuar luego de eso. Anais lo que hacía era verlo en la cesta sin emitir palabra, moviendo sus manos desde su cara a su cabello, América se sentó en el sofá viéndolo desde allí como si estuviera perdida y Amelie recorría la sala de un lado a otro tomada de los brazos también observándolo cada vez que le pasaba de frente.
Continuará...
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