¿Por qué seguimos aferrándonos a un mundo de castigo constante, obediencia absoluta y doble moralista? Mientras por fuera aparentamos estar bien, que nada nos afecta, que somos tan fuertes física y mentalmente como una montaña. Por dentro nos derrumbamos tan lentamente… se van creando fisuras, sentimos los desgarres cada vez más grandes y profundos. Somos más frágiles de lo que pensamos y sólo buscamos excusas para protegernos. Almacenamos odio y rencor como nadie más. Nos odiamos a nosotros, a los humanos, al mundo en sí. A todo aquello que quiera calmar nuestra sed de dolor, intentando devolver lo que han creado, nosotros tachados de monstruos e inhumanos.