¿Cómo empezar una publicación acerca del estado actual de la economía argentina?
Por suerte si sé cómo se debe hacer un evaluación acerca del penoso estado de las cosas, observando y comparando información de diversas fuentes fiables, utilizando la opinión crítica para llegar a una conclusión lo más objetiva posible, dejando de lado los sentimientos que producen nuestras propias posiciones políticas.
El ambiente que se respira en general es de decadencia y peligro constante, uno puede pasear un rato por el centro de la capital del país para notar el inmenso incremento de la indigencia, se ve en las caras de niños y adultos paqueros y yonkis que mendigan por las calles de la ciudad de forma cada vez más violenta, producto directo del deterioro de las condiciones económicas en las que estamos sumergidos.
Las necesidades de dinero hasta fines del 2019 son de 89 mil millones de dólares. Según el economista Jose Luis Espert, de la enorme deuda contraida desde que asumió Mauricio Macri en 2015 la Argentina deberá pagar más de 40 mil millones de dólares solo en concepto de intereses. Es decir, que todo el dinero que antes se invertía en subsidios al consumo de bienes y de servicios ahora pasó a destinarse al pago de los onerosos intereses.
Como si todo esto no bastara para irritar al más impasible ante el robo descarado que esta sufriendo el pueblo argentino, en los últimos dos meses se perdió el crecimiento acumulado en los últimos 15 meses. Destruir vuelve a resultar más sencillo y rápido que construir, la cual parece ser la única política tangible llevada adelante por nuestro presidente.
“El fuerte dominio cultural que tienen en la Argentina los esquemas económicos divorciados de la realidad hace que cuando muchos sectores creen defender sus intereses… se movilizan de buena fe en defensa de políticas económicas perjudiciales para el país y para ellos mismos, convirtiéndose en vehículos inconscientes de pequeños grupos de intereses reales” (Marcelo Diamand, economista de corte industrialista y empresario, 1973)
Esta frase volvió a estar presente cuando nuestro infame presidente puso un pie en la Casa Rosada. Un gran sector del electorado cayó en la trampa de los pequeños grupos de intereses reales, al que le cuesta reconocer que no es posible un país en donde sólo unos pocos se vean beneficiados a costa del hambre las grandes mayorías, ese es nuestro principal problema.
No abrazar el método científico ante la toma de decisiones institucionales de un país es dejar abierta la puerta a que unos monos con navajas nos guíen hacia el abismo. Razón por la cual debemos actualizar nuestro sistema democrático ya caduco, que no puede brindar mejores propuestas ante los continuos casos de corrupción política y una buena distribución de recursos en base a las necesidades reales del pueblo y no el antojo de la elite dominante.
Según datos del Banco Central, en 2016 las personas y empresas compraron 1355 millones de dólares, en 2017 se compraron 1859 millones durante todo el año y en 2018 ya van más de 12524 millones y todavía no terminó el invierno. Es decir, se múltiplicó por más de seis la cantidad de dinero que se escapan de las reservas.
Hace falta tener a mano el gráfico de las importaciones vs. exportaciones (o el del deficit en la balanza comercial) para terminar de entender que sí gastamos más de lo que ganamos, nos fundimos. Ya no se trata de recortar y ajustar, se trata de dejar de pagar 40 mil millones de dólares en intereses de una deuda que sólo sirve para que los ricos compren dólares baratos y los pobres paguen los servicios públicos como sí vivieran en un país del primer mundo cuando viven en Gerli, provincia de Buenos Aires con calle de tierra y precios en dólares.
Estos dólares del Central financiaron la especulación financiera. El mismo monto invertido en la economía real hubiera generado un crecimiento del PIB del 5 por ciento según economistas, de la misma forma que Cristina en el 2009 invirtió con resultados exitosos en minimizar el impacto de la crisis mediante inyección de reservas en la economía productiva real y no en la especulación financiera.
Conclusión
Esta película ya la vivimos, en los próximos meses seguiremos siendo testigos pasivos del aumento de la temperatura en las cientos de lastimaduras que ya sangran en el tejido social argentino.
Una solución seria un cambio en el rumbo hacía el abismo que sigue ratificando nuestro presidente, mejor dicho, la implementación de políticas más allá de la toma de deuda y decisiones tributarias que no atacan los problemas de la Argentina de hoy.
¿Qué te provoca todo lo que viene sucediendo en nuestra realidad?