EL BONSAI VENEZOLANO. EXPRESIONES LITERARIAS
Buenos días, les entrego un abrazo a mi comunidad de HIVE. Es un gusto y una necesidad humana continuar comunicándome con ustedes como practicante del amor, es una tarea que cumplo porque siento en mi alma las corrientes universales con las que fluyo coherentemente, en este infinito océano. Continuo navegando en este sueño en la embarcado sobre la plataforma del amor.
Salimos mi hermano Amir y mi hija Irina, bien temprano de la mañana desde Naguanagua hasta la Isabelica de extremo a extremo como si nos trasladáramos a otra ciudad. La convivencia en la ciudad con ese movimiento agitado y vertiginoso, es caótica. Teniendo equilibrio espiritual, sabiendo de dónde vengo, que estoy haciendo aquí y ahora y para donde voy. Afirmando con certeza puede otra persona confundirse. Yo me amo en primera persona. Por el amor y por el zumbido de las chicharras y las abejas que me dicen que estoy bien. Ah, me falta una personalidad que siempre me orienta cuando se me apaga la brújula luminosa de mi espíritu. Esa personalidad es la salamanca que criollamente le dicen “matico” y por desconocimiento de la labor de ese valioso reptil salen a matarla cuando canta. Pues, a mí me canta y la escucho con alegría, amor y respeto. Canto la salamanca voy bien esa es la orden del “supremo”, continuo con mi crónica diaria, voy en el bus con mi amada familia rumbo a la Isabelica, las avenidas están muy traficadas de autobuses y la presencia de los buhoneros o bachaqueros en el interior de las unidades es impresionante están en todas partes, es un desorden integrado a un sistema planificado. Salí acompañar a mi hija para realizar una actividad o función de salud. Cada persona que entraba con un mensaje repetitivo subjetivo halagador y agresivo para vender sus productos con fines indescifrables, pueden ser como pueden ser para otras necesidades superfluas, en cajas muy higiénicas ofrecían de todo hasta vida eterna, en la región andina se expresarían algunas almas nobles con la frase:-¡Que pena!- Allí me entregaron dulcería, confiterías, limpiadores de ollas, se vestían de diferentes formas, mujeres cargando niños que parecían unos zombis, los más pequeños harapientos y sucios con pequeñas muestras gripecitas y resfriados en las fosas nasales, terminaban recogiendo el sugerido y se bajaban deseando bendiciones para los que le compraban y para los que no les adquirían sus comestibles. Nos despedimos del chofer dándole las gracias en la parada La Monumental y nos bajamos en la parada de la Isabelica. Fue una hora aproximada el transcurso de la ruta.
Llegamos al Centro de salud, realizamos la actividad respectiva y al salir, nos conseguimos un hombre flaco, cabello recortado, ojos pequeños como un gavilán de mirada humilde, el rostro era de facciones menudas, pero muy expresivo. Muy alegre nos sorprendió con un saludo. Fenier,-Te presento a mi papa, él es tu primo, -Le expreso mi hija.
–Mucho gusto, primo, cuando va visitarnos a la casa? Vivimos por acá cerca. Allá están mis dos hermanas.
-Listo, al salir de la consulta vamos a conocer a las primas.
A las once de la mañana salimos con el primo, mi hermano, mi hija y yo a visitar la casa de la familia de primo, una extensión de la rama familiar del apellido de mi padre. Nos dio la bienvenida el primo al entrar a la casa sentí el revoloteo y zumbidos en mi alma. Fuimos recibidos por un niño con una veloz carrera, las dos primas muy alegres nos entregaron sus miradas de aceptación por nuestra repentina visita en la familia. Todos teniamos escrito la alegría en los rostros.
Pedí permiso para pasar al patio, porque la curiosidad me tenía apabullado, me acerque al pequeño y muy nutrido jardín compuesto por unos ejemplares de orquídeas y otras plantas ornamentales. Pero de manera muy especial estaban organizadas unas diminutas plantas en pequeñas recipientes. -que esto? Que tiene usted aquí en su patio, primo? -Son bonsáis criollos de la flora venezolana. Tengo una variedad, la mayoría son samanes,
Se me levantaron las antenas de mi espíritu se encendieron mis ojos nuevamente. Estaba aterrizando en un planetario.
–Primo usted tiene una riqueza en su casa. Le dije. La prima Mireya vino donde nosotros y muy contenta y con las antenas de mujer preocupada por el jardín de los bonsái, conversaba con una naturalidad de muchos saberes con el mundo de las plantas de jardín. Le pregunte si vendía los bonsái. Respondió con su rostro muy serio y expresivo negando la venta de sus pequeñas plantas, las miraba con un celo impresionante, percibí que me estuvieron escaneando. Te voy a regalar un bonsái. –Acento Feniel.
-Llévate ese, señalo a un pequeño samán. Agarro la macetica de cerámica y me la entrego coma una ofrenda. No hizo falta un ceremonial pero hubo algo con semejanza e eso. Esa ceremonia se llama intercambio y amor familiar.
-Gracias primoroso, ese obsequio me lo llevo antes de irme para Caicara,
Vamos efectuar unas diligencias en el centro de Valencia y en el autobús con el ajetreo se puede estropear. Gracias primoroso por el bonsái. El samán se va para mi planetario Orinoquense, va para mi jardín. Después de tomar un café tinto como acostumbraba a consumir mi padre, un café cerrero y caliente. Nos despedimos a las dos de la tarde con el plan de regresar al centro de Valencia y después trasladarnos a nuestras residencias en la ciudad de Naguanagua.
Regrese a los quince días a buscar el samán bonsái previa cita en la Isabelica. Lo llame dos veces al teléfono y nos pusimos de acuerdo. Llegar hasta allá es un viaje titánico que para una persona sedentarizada realiza esa visita por una “matica”, esas personas están atornilladas y apretadas por golpes de martillo en la cabeza del tornillo. Sufren de un estancamiento individual y emocional petrificante. No las mueven ni con una grúa, están apelmazados en el trabajo o en el hogar. Existen personas que duran mucho tiempo sin bajar de los edificios. Parecen seres extraños que ni se bañan y hasta duran más de una semana con la misma ropa y hasta más de un mes. Yo tengo varios individuos con esas características en Caicara del Orinoco. Por las desviadas conductas aprendidas en la familia tienen esos desagradables hábitos, se visten con la misma ropa durante un mes. Una vez pasamos por una casa y mi nieto me dijo.–Abuelo en esa casa vive un zombi. Se despegó de mis manos y se lanzó a correr por la calle. Lo llame y lo amarre a mis dedos para llegar a nuestra casa.
Llegue de una manera fascinante todo afloró como si me esperaban de autobús en autobús hasta la cerca fue abierta como si me estaban esperando en casa de mis primos, llegue a la casa, anuncie la llegada. Abrieron la puerta, el primo me estaba esperando para entregarme un regalo muy especial. –Yo sabía que usted venía a buscar el bonsái. Pasamos al patio y me entrego la rica joya del bonsái.
–Esto es suyo. -Ellas son del sol y no les puede faltar el agua.
Conversamos del cultivo, mantenimiento y el desarrollo y tamaño para mantener el empequeñecimiento. Tiene varios años cultivando esas pequeñas plantas. Lo enseño una familia tailandesa con la que trabajo en Valencia. Se dedica a buscar semillas de la región. Especialmente recoge semillas de samán, tiene en su patrimonio una diversidad de pequeñas plantas como samanes, cujíes, araguaneyes, caro caro, tomates, jades.
–Me relajan las plantas y la policromía de las hojas. Me recomendó que consiguiera semillas para la reproducción de los bonsái. No podía dejar de tratar el tema de la poda de las raíces y las ramas.
–Primo eso es muy fácil, no existe ninguna confusión, se debe cortar las raíces gruesas y podar las pequeñas, eso es con mucho cuidado, le pregunte por los movimientos de la luna. –Ellas no les puede faltar la luz del sol. La poda la haces con una pequeña piquetica, que sean cortes seguros.
Mi Yo interior me dijo: -Míralo está hablando el idioma del sol. Escuche con mucho respeto toda su orientación. Además, el primo Fernier por su fenotipo proviene de otra galaxia.
–La luna nunca he trabajado con ella, cada seis meses le hago mantenimiento a las raíces y a las ramas. Las hojas secas se las dejo en la raíz como nutrientes. Se vio las manos, me las mostro comunicando con en la escritura de sus palmas que con ellas es que mantiene a los bonsáis.
–Yo respeto el paso de la luna para la poda, el cambio y el trasplante de plantas.-Le dije.–Primo hasta para cortarse el cabello es importante el paso de luna. En el plenilunio después del mediodía es la recomendación. La luna es muy importante para el crecimiento de las plantas. Si podas en menguante las plantas apocan su crecimiento.
Muy sensibilizado le agradecí con mucha emoción.
–Primo estoy bien gratificado por el bonsái, aquí tengo un bolso de tela andino donde lo voy acomodar con mucho cuidado para no estropear la planta. Cuando regrese a Caicara, me la llevo en las piernas.
La prima nos llamó para que pasáramos a la sala a tomarnos una taza de café cerrero caliente como es la costumbre familiar. Nos despedimos con abrazos conscientes del riesgo de la pandemia, el primo me acompaño hasta la reja y nos despedimos. La plantica la vi muy triste en todo el trayecto hasta Naguanagua. Muy triste. Al llegar la ubique en un sitio espectacular. Lo ubique en donde recibiera luz solar. Un lugar en la sala donde recibe sol en el día, estuvo triste toda la tarde le agregue agua a la maceta. Le hable y vi que se movió.
Mi hija me dijo que en Cumana disfruto de una exposición de bonsáis criollos, aquello era fascínate. Taparo, ciruelas, mereyes, cujíes, cemerucas, samanes, ceibas,
Al siguiente día se desperto, estiró las ramitas y espalmo las hojas buscando el sol.
–Te felicito está usted muy bonita. Después, en la noche bajo las ramas y hojas, a la otra mañana se despertó abriendo sus ramas y extendió las hojas, no he comenzado con la atención del bonsái y esto es un poema, gracias al encuentro con la rama genealógica de mi familia Loreto.
Aquí estamos esperando para retornar hasta Caicara del Orino a encontrarnos con mi planetario Orinoquense.
Muchas gracias a mis amistades de HIVE por la lectura de mi post.
REFERENCIAS: Las fotografías fueron tomadas con mi teléfono redmi note 7.
son de mi propiedad.