La Torre, La Manzana y El Nido
La Torre
Mi guardia siempre ha estado en alto.
El cambio es regla inquebrantable.
Cada Hexagrama indica una nueva mutación, inesperada, indeseada.
Dios altera el orden para hacerme crecer.
Tal vez Job sea el único que me comprenda.
Mis escritos se mecen y duermen en cada estante.
Son un Atbash para quien no los sepa interpretar.
Me consta que debo pagar el peso de mi corazón en dáricos dorados
por una noche de tiempo compartido.
"Extraña, impura, maldita Baggaza", señalan los adoctrinados
de gruesas ojeras y de doble moral.
Cuando mi cuerpo caiga al suelo,
mi refugio se convertirá en mi Dhakma.
Mis huesos reposarán aquí por siempre.
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La Manzana
La pitón no sabía que andaba en malas compañías:
la tentación fue demasiado grande para mí.
El martillo de la misoginia cayó sobre nuestra estirpe.
Ella jamás podrá cerrar los ojos al dolor.
En cambio, yo haré mis hechuras en la oscuridad.
Una voz dentro de mí dice:
"Termina el fruto rojo y conserva las semillas. Siémbralas.
Espera pacientemente por la luna otoñal.
Ella te dirá cuándo debes volver a comer y así conocer más".
A cada bocado más aprendía, pero,
mi lengua -ni ninguna otra- logró capturar
la esencia de lo percibido:
Parábolas celestes. El crepitar del fuego.
Sea la Metempsicosis a las vidas tomadas por él.
El canto de ballenas. El vómito del volcán.
La perfección dorada del crisantemo.
Los peces hermanos. Los cántaros del aguador
y los supervivientes a Atlantís nēsos.
El silencio que habita más allá de mi corona es el único idioma natural.
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El Nido
No quiero salir de la cama.
Mi inconsciencia es una cuna serena, oscura y silenciosa.
Sólo veo cosas en sueños cuando una de las Vírgenes rojas
tiene algo qué decirme.
No quiero vestirme.
Cubierta por la sábana suave, roza mi piel.
Tocarme, besarme con los ojos cerrados se siente tan real.
La noche parece más larga.
La oniromancia me revela cosas:
deseos que mueren, realidades con las que hay que vivir.
Ellos creen que con una disculpa será suficiente.
Con los ojos cerrados el yugo es más pesado,
el fuego es más ardiente,
la poesía entre hermanos y hermanas
es escrita y leída en la oscuridad.
Entre nosotros siempre habrá ayes.
Por eso, no quiero salir de la cama.
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