Bien, terminé el semestre, pero ahora me cuesta escribir. Tenía la esperanza de que con tanto tiempo libre podría sentarme comodamente a steemear, pero la realidad se aleja de tal aspiración. No siento que el problema sea la falta de creatividad, al contrario, quiero explorarme por otros medios ajenos a la escritura, desde el visual hasta el pensamiento libre y egoísta (porque no lo comparto con nadie); el único texto que he estado preparando me ha tomado más tiempo del que creía, se trata de una reflexión -o eso pretendo que sea- en torno a un suceso que viví hace pocos días.
En fin, espero que tanto yo, yo y yo (pensando en la sucesión de post sobre mis procesos creativos) no sean interpretados como un narcisismo textual, más bien, son el reflejo de las constantes interrogantes que formulo en mi cabeza.
Respecto a la fotografía, se ha estado despertando en mí la necesidad de capturar gestos específicos de las personas que quiero, especialmente amistades, ya que no las veo todos los días. Busco pulir la intención de las fotos casuales a las que normalmente no aplico tanta concentración sensorial, o sea, he tratado de que los retratos que le hago a quienes realmente aprecio estén conformados por la combinación de la querencia íntima (como las que tienen algunas fotos de cumpleaños: termino que le doy a aquellas fotos que conforman nuestros álbumes familiares) y la sensibilidad visual que he estado desarrollando.
El lente 50mm ha sido clave para tal ambición, su ángulo de visión invita a hacer planos más o menos cerrados (primeros planos, en mi caso) ya que de querer hacer planos generales uno debe estar a más de 4 metros de distancia como mínimo (si alguien considera que esta distancia es exagerada o insuficiente hágamelo saber, todavía me estoy familiarizando con el mismo). Hasta el momento no he hecho ningún bokeh impresionante ni nada por el estilo, simplemente me he planteado escenarios en los que pueda aprovechar la gran apertura de diafragma del objetivo de una manera práctica y coherente: escenarios donde la luz es puntual o en los que hay mucha oscuridad...
En el caso de estas dos fotografías la única fuente de luz importante (para la cámara) era la de un faro cuyo rango de luz se limitaba a iluminar algunos metros del techo de mi amigo Adrián, quien está atrás mío en la foto. Además, debo aclarar que hacer estas fotos con mi lente básico o el teleobjetivo hubiese sido posible, pero al no poder abrir tanto el diafragma (como con el 50mm) tendría que sacrificar la calidad de la foto subiendo el ISO.
Un sonriente ©Silvio Loreto
Dejando de lado el dato técnico y adentrándome superficialmente en la emoción, debo confesar que la persona con la que más he podido explorar tal fusión y la que me permitió concientizar sobre lo que hacía es . Nunca le había hecho tantas fotos a alguien en días distintos, menos en un lapso de tiempo tan corto. Al tratarse de fotografías que al menos para mi significan mucho se trata de una hazaña, en especial porque estaba inmerso en la fotografía documental, olvidándome de los retratos no documentales, valga la redundancia.
No me arrepiento de esta pausa circunstancial en la que casi no le he podido dedicar tiempo a crear contenido para mi blog, cada una de las cosas que he vivido últimamente no las cambiaría por nada, y si puedo sacar un provecho fotográfico en los caminos que se distancian de lo virtual, mejor.
El cariño nos hace tomar comportamientos imprudentes, pero si tales imprudencias nos regalan breves momentos de felicidad por qué no aprovecharlos. Este nuevo camino me ha regalado al menos el gozo de fotografiar a gente que quiero, ojalá que la búsqueda del equilibrio entre la querencia y la sensibilidad siga produciendo cosas que estética y emocionalmente me hagan sentir al menos un poco satisfecho.
Sin más que decir, por ahora, los dejo con una pequeña selección de fotos que le he hecho a Emi, cada una basándose en lo expuesto en el presente texto. Espero sean de su agrado.
Árido ©Silvio Loreto
Ventisca ©Silvio Loreto
Caricia del alma ©Silvio Loreto
Cíclope ©Silvio Loreto
Lágrima negra ©Silvio Loreto