Mientras Argentina se preparaba para los festejos del centenario de su independencia, el mundo era conmovido por una noticia que generó miedo, caos y muchas muertes: el cometa Halley pasaría muy cerca y su cola podría ingresar a la atmósfera terrestre y provocar un choque que sería el fin de la vida tal como la conocemos.
En el año 1705 el astrónomo inglés Edmund Halley calculó la recurrencia orbital de un cometa del cual se tenían noticias desde la antigüedad, el bólido tenía una velocidad de 194.400 kilómetros por hora y pasaría muy cerca de nuestro planeta cada 76 años aproximadamente, su cola media 21 veces la distancia entre la Tierra y la Luna. A partir de ese momento el cometa recibió el nombre del científico.
En un primer momento la noticia fue descreída por la mayoría de la gente pero una serie de hechos dramáticos fueron poco a poco creando un clima de incertidumbre primero y de temor absoluto después.
El astrónomo francés Camilo Flammarion logró asustar a todo el planeta al sostener una visión terminal para la Tierra, la noticia corrió rápidamente y se generó un sentimiento mezcla de temor e impotencia que agobió a la humanidad toda.
El día “D” para el planeta sería el 18 de mayo de 1910.
Como mencionamos, diversos acontecimientos extraños e infrecuentes pero dramáticos y trágicos fueron incentivando a las personas de todo el mundo a pensar que el fin se aproximaba inexorablemente.
En Buenos Aires el 14 de febrero que además coincidía con el día de los enamorados, luego de soportar una jornada agobiante de calor como pocas se recuerdan, al atardecer se desató una tormenta histórica que destruyó entre otras cosas, varios pabellones para los festejos del Centenario que se estaban construyendo, se desprendieron techos, se cayeron gran cantidad de postes de telégrafo y hubo graves inundaciones en la localidad de Brandsen y en la ciudad de Rosario. Dos días después en Italia hubo fuertes temblores y un sismo de grandes proporciones, en España el día 17 una tormenta eléctrica afectó seriamente gran parte del país y en Londres hubo también vientos huracanados y una nevada como pocas veces se había visto.
Unos investigadores argentinos, Lidia Parise y Abel González, se encargaron de indagar los hechos sucedidos en nuestro país desde el 1 de enero de 1910 y hasta el día de la llegada del cometa. Contabilizaron 427 suicidios durante esos 138 días.
El primero fue protagonizado por una joven mujer de 20 años de edad llamada Elvira Bernárdez, hija de un próspero panadero de Buenos Aires. Elvira se mató en la quinta de veraneo que sus padres tenían en Adrogue disolviendo dos cajas de fósforos en un vaso con agua para beber luego la fatídica solución.
Por supuesto que hubo oportunistas que vieron la posibilidad de hacer negocio, algunos adquirieron todas las existencias de telescópios (que no eran muchas) y los vendieron a precios escandalosos. Un señor de apellido Miguez construyó varios bunkers pequeños que vendió rápidamente pero se quedó con uno por las dudas, hizo dinero y quería disfrutarlo.
Una célebre espiritista llamada Doña Julia vendía la salvación mediante un simple método curativo psicológico, su calle se llenó de ingenuos que acudieron a recibir el tratamiento y hasta el que no podía ir en persona podía enviar el dinero vía giro postal y era curado por correo.
El 25 de abril se registraron 7 fallecidos por síncope, el 8 de mayo una avioneta del Aero Club de Villa Lugano chocó con un automóvil (un choque a todas luces imposible dada la escasa cantidad de aeroplanos y de automóviles que por aquella época circulaban por la ciudad). El 16 de mayo, a solo dos días de fin del mundo, escaparon de la comisaría 5ta en el barrio de Congreso 40 caballos.
El 18 de mayo por fin llegó y no pasó nada, el mundo siguió andando como si nada.
La novedad se celebró en todo el planeta aunque la cantidad de suicidios, asesinatos y saqueos fue de las más grandes que se recuerdan.
Nunca en la historia de la humanidad otro cometa ha causado tanto miedo y tragedia, solo resta saber si los científicos finalmente logran calcular si alguna vez el Halley chocará contra la tierra o si finalmente se acabe con el mito de este “Mensajero del fin del mundo”.
Héctor Gugliermo
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