En algún lugar de los andes, hace mucho tiempo atrás, aquel hombre se encontró a sí mismo, descubrió lo que podía ser cuando vio el rostro de la muerte en persona y le hizo frente si temor.
Viajaban a un partido en otro país pues ellos eran deportistas en auge, tenían sueños de juventud y vivían en plenitud, o al menos, eso creían en ese entonces.
Cuando el avión donde iban se desplomó el y sus compañeros cayeron en desgracia, perdidos en la nada, el quedó inconsciente, lo daban por muerto...
Al despertar sorprendió a todos, tuvo una increíble suerte, pero a pesar de ello recibió muy graves noticias: Su madre no sobrevivió, y su hermana no duraría mucho...
El asumió el reto, no se rindió, no podía hacerlo, no en el nombre de sus familiares, aún tenía mucho futuro por vivir, tanto por lograr, tanto por conocer...
El hambre y el frío azotaban al grupo, cada vez había menos para comer, ellos decidieron lo impensable: Tenemos carne, carne humana ¡pero es carne!...no tenemos otra opción.
La supervivencia se hacía más difícil, agotados y con cada vez menos recursos entendieron que nadie los iba a rescatar, tenían que salvarse ellos mismos.
Aquel hombre dio un paso al frente: yo voy a buscar ayuda, dijo.
Con dos de sus fieles amigos emprendió camino, entre frío ,sed, hambre, y un muy largo recorrido por delante.
10 días a pie en la montaña, al tercero uno debió devolverse tras una lesión, con la nieve dificultando cada paso, sin ropa que los protegiera contra el frío y el agotamiento al máximo, pero no se rindieron, no podían hacerlo...
Finalmente y con gran alegría llegaron a un río, tenían agua al fin y... al otro lado la esperanza apareció: Un arriero caminaba por allí.
Con la poca fuerza que les quedaba hicieron todo para comunicarse con el sujeto, gritaron cuanto pudieron, pero no era fácil comunicarse con el ruido del río.
El hombre escuchó sus gritos, no entendió mucho sus señas pero asumió que necesitaban ayuda y buscó esta en cuanto pudo.
Finalmente y gracias a su esfuerzo y valor lograron salvarse, finalmente ellos y sus compañeros fueron rescatados.
Aquel joven se llamaba Fernando "Nando" Parrado y su amigo Roberto Canessa.
Fuente
Nando a la izquierda, Roberto a la derecha y detrás de ellos el arriero que les salvó la vida.
Quería hacer y compartirles esta narración que para mí es inspiradora; cuando siento que no tengo fuerzas, que todo se torna difícil o que la lucha es en vano... yo siempre recuerdo esta historia y realmente espero le sirva a todos.