Altas horas en penumbras
presagian tu alerta anti onírica.
Vasto mar de pensamientos
recorre tu autopista neuronal,
desembocando en un estado inevitable de tu vigilia.
Misma que te mantiene párpado abierto
mostrando tu alma a través de esas hermosas pupilas.
Sempiternos querubines
quedan pendientes, esperando pasivos
tu desnudo insomnio,
para tocar esas trompetas delatadoras
de tus inigualables movimientos nocturnos.
Apacibles pero activos.
Quietos pero deseables.
Involuntarios y sin embargo excitantes.
Rozando tersa piel
y estrepitosa entrepierna
que choca en frenesí,
juntando sus células deseosas,
esperando un mañana al despertar sonriendo,
sin dejar de soñar que la vida estará llena de amor.